A buenas horas, coño. La ministra Garmendia ha anunciado la desaparición de los apuntes en las aulas. Con los disgustos que me costaron a mí. No porque yo los tomara sino porque, al fotocopiarlos de alguien más aplicado que yo, había cosas que no se entendían. Digo más aplicado en la absorción de conocimientos universitarios. Más aplicado que yo en el apuntalamiento de mi maestría en el mus que practicaba sin desmayo mientras se impartían pintorescas asignaturas no lo había. Era tal mi caradura que, en un claro ejercicio de aprovechamiento del trabajo ajeno, llegué a tener ciertas peloteras con mi entonces churri y compañera de pupitre. Ella era mucho de flechas, sinopsis, corchetes y demás tipografía intrincada. A mí sin embargo si me quitabas una preposición ya me liaba. Yo era de memorión. Me lo empollaba, lo soltaba en el folio, salía por patas y otra vez a la cantina. El conflicto surgía al sugerirla no sólo que me dejara los apuntes si no que los tomara cómo al hombre de su vida le gustaban ¿No es maravilloso el amor? ¿No es acaso compartir? Lo mío es mío y lo tuyo para los dos ¿O no es así? Me dejó, claro está. No sólo por eso pero no es el momento de abrir esas heridas. Los apuntes siempre han guardado un misterio que nunca fuí capaz de desvelar ¿Para qué nos comprábamos los libros si luego nos contaban cosas que nunca venían en sus páginas? En el caso de seguir al pie de la letra el texto utilizaba una táctica que da buena idea de mi vaguería. Muy simple. Arrancaba las hojas del tema correspondiente, las plegaba, las guardaba en el bolsillo del pantalón y así no tenía que ir cargado con la cartera. Era entonces un adolescente algo asilvestrado. Ahora ya he cambiado mucho. Sobre todo en la edad.
7 de junio de 2008
ADIÓS A LOS APUNTES
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cambalache
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6/07/2008
Etiquetas: apuntes, ministros, universidad
13 de abril de 2008
GABINETE ¡VIVA LA GENTE!
Qué rara es la política. No lo digo sólo porque Pujalte se haya afeitado el bigote. Lo digo por el nuevo gobierno de ZP en el que, por cierto, no está un servidor . Se me está pasando el arroz ministerial. Con lo que me gustaría a mí llevar en una de esas carteras tan molonas el termo del kalimotxo y los donettes o utilizar el coche oficial para ir a la compra en el Carrefour. En fin, no se puede tener todo. Si el Señor tuvo a bien concederme este prodigioso físico y este singular gracejo tampoco voy a ser más exigente y le voy a pedir, por ejemplo, el teléfono de Leonor Watling o la réplica de algún órgano de Nacho Vidal. Me da la impresión que ZP ha nombrado un gabinete tipo 'Viva la gente', un grupito de amiguetes capaces de sacar las guitarras de las fundas de cuadros escoceses después de los Consejos y marcarse alguna cancioncilla del estilo 'Un pueblo es, un pueblo es, un pueblo es...". Ya me veo a Solbes, Moratinos y Rubalcaba pasmados mientras los jovenzuelos ministros bailan por encima de la mesa esquivando los dossieres. No digo yo que los colegas buenrrollistas tengan que ser necesariamente pésimos gestores pero alguna cosa sí que me escama. ZP ha colocado por fin a Miguel Sebastián. Después del descalabro en Madrid ahora ya le podido regalar su particular huevo Kinder con una sorpresa que no era tal pues estaba más que cantado. A esto me refería cuando hablaba de lo rara, rara, rara que es a menudo la política. Es difícil imaginar que en cualquier curro a un auxiliar administrativo, después de cagarla al pasar a limpio el balance de la empresa, en la primera promoción que surja le nombren director general de la compañía. En política no. Te presentas como candidato a la Alcaldía, te comes en un debate televisado un sideral ridículo, pierdes por goleada, te retiras y, en recompensa a tan deslumbrante currículo, te hacen ministro. Vaya por delante que no tengo nada en contra del señor Sebastián. Nada que no tenga que ver con su ideario político. Ni comparto su 'brillantísima' idea de devolver cuatrocientos euros a todos los que tenemos la suerte de declarar a Hacienda, ni comparto su afán en suprimir impuestos ni su defensa de las privatizaciones. Con todo y con eso ha entrado en un gabinete de un gobierno que se dice de izquierdas ¿No ven cómo la política es rara, rara, rara? Cómo será que hasta Magdalena Álvarez sigue de ministra ¿Pondrá por fin en marcha durante esta Legislatura la línea A Coruña-Cádiz en calesa de alta velocidad? Lo dicho. Rara de cojones (digo la política, no Magdalena).
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cambalache
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4/13/2008
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8 de julio de 2007
CESES DE MINISTROS

Dice Jordi Sevilla que deja de ser ministro sin que sus hijos sepan muy bien a qué se dedicaba. O sea que ellos tampoco. No sabe qué peso me quita de encima. Pensé que era yo que no prestaba atención, pero si sus propios vástagos, que aunque poco por lo apretado de la agenda algo le verían en casa, no tienen ni puñetera idea una de dos señor Sevilla. O usted es muy discreto o su departamento es más aburrido que una ascensor sin espejo. Desconozco la edad de los chavales. Si están ya en la adolescencia se entiende que estén a su rollito y no a los decretos del 'viejo' pero si todavía son pequeños y se les puede amenazar con leerles un cuento para adormecerles la culpa es de papá. Lo digo porque en vez de relatarles Caperucita o Los Tres Cerditos (que están más vistos que el tebeo) bien podría haberles leído sentado sobre el colchón, a la luz del flexo de la mesita, alguna normativa de su departamento recogida en el BOE. De esa manera se hubieran hecho una idea de lo coñazo que era el trabajo de su padre y, además, se hubieran quedado fritos ipso facto. Dos pájaros de un tiro.
A Jordi Sevilla le ayudó mucho para llegar al cargo ese nombre que auna en sí mismo la pluralidad de las Españas. Ese crisol catalán y andaluz que se plasmaba en sus tarjetas de visita. Ese nombre que demuestra que es tal el mestizaje que se pueden cantar sardanas por bulerías. Por cierto, siempre me queda la curiosidad ¿Cuántas tarjetas le habrán quedado después del cese? Imagino que las podrá aprovechar para buscar otro currito. Menuda paliza con el tipex ¿Y la cartera? ¿Se la quedan para guardar el termo y el sanguiche mixto?
Si los hijos del ministro Sevilla no sabían qué hacía su señor padre ¿Qué tendría que decir María Antonia Trujillo? ¿Qué, en su caso, no lo sabe ni ella? Lo bueno de haberla cesado como ministra de Vivienda es que se ha sabido que algún día ZP la nombró. Hasta la fecha se dudaba. Yo no tengo nada en contra de ella ni creo que nadie pueda tenerlo ¿Contra qué medida estaríamos en desacuerdo? Se va en el macuto con una que se sepa. Regalar unas zapatillas a los jóvenes que se decidieran a emprender la búsqueda de una vivienda. Sublime. A lo mejor, demostrada esta afición por el calzado, la repesca Camper para sus nuevas campañas. O para ser la jefa de los espías. Mayor discreción imposible. Seguro que daba un mejor resultado. Eso es tan fácil como indudable.
Voces hay que salen en su defensa que aseguran que no ha podido hacer nada porque el Estado apenas tiene competencias sobre vivienda. Que se hubiera inventado las tiendas de campaña de protección oficial que eso no depende de nadie. Les regalo la idea. De todos modos, una preguntita de lerdo, propia de un servidor. Si no había nada que hacer en materia de vivienda ¿para qué se creó el ministerio? Ya sé, es una pregunta de bobos pero no descarten que la meta en mi currículum a ver si algún día me hacen ministro. (NOTA: Como habrán deducido por el sonriente gesto de ambos, la fotografía está tomada antes del cese de ambos como ministros)
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7/08/2007
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Etiquetas: jordi sevilla, ministros, trujillo, ZP




