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5 de mayo de 2008

MULTA TESTICULAR

Si tiene pensado viajar a Italia maximice su higiene no se vaya a arruinar. Por si no lo sabe le pueden multar hasta con doscientos euros por rascarse en público los huevecillos. Es decir, que en el caso de inoportunas ladillas durante la visita al Coliseo le puede salir la estancia carísima. Las autoridades han convenido que ese frotamiento descarado de los atributos no es síntoma de buena suerte sino de mala educación. Al parecer en Italia tocarse los huevos viene a ser como el tocar madera para nosotros. Siempre tan fantasmas. Ya hay hasta un mártir de esta práctica. En concreto un mecanico que ha alegado que el izamiento testicular respondía a que se estaba embutiendo en un mono dos tallas por debajo de la suya. A pesar del evidente riesgo de pillarse con la cremallera el escroto, la coartada no ha colado y el hombre ha tenido que soltar esa pasta. Manda huevos, y nunca mejor dicho, que a un currante le multen por este indicio claro de vaguería y parasitismo ¿Por qué no van al Parlamento? Seguro que se forran. Y eso porque no tienen Familia Real que si no se hacían todos tan millonarios como su presidente Berlusconi. Imaginen que esta medida se exporta a España. A ver quien es el guapo que se prepara oposiciones para funcionario (no se me moleste el gremio) o que se casa a partir de ahora con una infanta. Por no hablar del pobre Potxolo. Una ruina, oiga.

27 de noviembre de 2007

MACETAS PARA VAGOS

Un chino ha inventado una maceta para perezosos. Un sofisticado sistema de riego permite que con regar dos veces al año cumplas. Es decir como la vida sexual de muchos matrimonios pero con olor a jazmín en vez de a calcetines con trienios. De todos modos los chinos saben poco de cómo somos los vagos. Es más, un vago de Pekín aquí pasaría perfectamente por una persona hiperactiva. No hay más que ver el horario de sus tiendas o lo que tardan en traerte un cerdo agridulce antes incluso de que lo hayas pedido. Un vago de verdad, digamos para darle mayor énfasis un vago con dos cojones, es capaz de comprarse la semilla del geranio, plantarla, ir luego a un balneario para recuperarse de tan colosal esfuerzo, y, ya más relajado, esperar tirado en el sofá hasta que las primeras y tímidas raíces asomen entre el mantillo. Allí, espatarrado en el sofá con el bote de Mahou apoyado livianamente sobre la barriga a uno le da tiempo a meditar sobre lo divino y lo humano. Una especie de filosofía zen pero interrumpida a menudo por un rebelde eructito y umas masticaciones de panchitos. Qué sabrán los chinos de vagos. Lo mismo que yo de la vida sexual de Confuncio. Claro que no debía de tener ni tiempo de copular. Todo el día madurando citas y total para acabar impresas en el Myrga encima del número de teléfono de Telepizza. Ya ves tú. Tanta espritualidad y tanta leche para acabar así o, lo que es mucho peor, cerrando con tu cita el informativo de Sánchez Dragó que de tanto zen y tanto zan ya ven cómo se ha quedado. Cómo para comerse ahora un par de rollitos de primavera. Yo soy más de fabada. A veces, no crean, uno es capaz de levitar con sus propias flatulencias.

16 de marzo de 2007

La paga o el trullo

Qué daño ha hecho Ally McBeal a las jóvenes generaciones. Antes, para complementar la escueta paga del domingo, sisábamos durante la semana céntimo a céntimo cuando íbamos a comprar el pan en tanto nos comíamos el corrusco por el camino. Ahora te sale un hijo leguleyo y te lleva a la Audiencia para que al menos se la revises según el IPC previsto. Ha ocurrido en Sevilla. Un zagal, harto de la congelación salarial, acudió, con dos cojones, por qué no decirlo, a los tribunales. El juez, a quien imagino asaz estupefacto, le ha denegado el jornal aunque se me antoja que se ha quedado corto. De ser un servidor su señoría, además le hubiera pedido que hubiera ubicado sus huevecillos encima del estrado y le hubiera arreado con el mazo ese con el que piden silencio (duele sólo con escribirlo). Para que espabilara. Al chavalote le apoquinan ciento cincuenta eurazos al mes en concepto de tocarse el bolo y, claro está, le parece poco. Hay que recordar que sus gastos se reducen al desgaste de suela de las pantunflas por los pasillos mientras va a sentarse a plato puesto a zamparse lo que caiga. Vamos, que anda desbordado. No es un detalle nimio que su padre sea desempleado e ingrese unos ochocientos euros con una familia que sacar adelante. Pues ni por esas. El chavalote sólo arrima el hombro cuando se encaja la puerta del aseo. Con el esfuerzo de los padres ha llegado a la Universidad, le han pagado la matrícula, los libros, le han subvencionado los botellines de las partidas de mus, le habrán comprado unas zapatillas Air Jordan y al muchacho le ha sabido a poco. No digo que yo haya sido un hombre hecho a mí mismo (de ser así hubiera sido gilipollas por no ponerme los abdominales de Brad Pitt y, de paso, a su churri), pero antes de llegar a la cima de la literatura y de ser considerado por los de mi barrio un intelectual de vanguardia hube de desempeñar oficios tales como portero de finca, ordenanza, descargador de cristales, ensobrador de publicidad y camarero. Y aquí me tienen (ahórrense las definiciones y los chistecitos). Mis padres querían que yo estudiara, que llegara lejos en el mundo de la cultura; que fuera capaz de pasar al menos dos rondas en el concurso ¿Quieres ser millonario? Cumplí sus sueños y estoy orgulloso de ello. No soy partidario de dar consejos, pero en este caso se me ocurre decirle al interfecto que si quiere engordar la paga, se me ocurre, no sé, cómo se dice, lo tengo en la punta de la lengua....ah, sí, que trabajes un poquito coño. Que con un Pocholo tenemos de sobra.