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28 de febrero de 2008

LA INQUIETUD SOCIAL POR LOS PERDIGONES

Cómo es posible que algunos insensatos póngamos todavía en tela de juicio la Monarquía. Nadie como Juankar I El Campechano para pulsar cuáles con las preocupaciones fundamentales de sus súbditos. En su caso no es la subida de las hipotecas porque ya se la pagamos entre todos pero sí otros asuntos de calado que provocan horas de insomnio a los españoles. El Rey se ha dirigido al Ministerio de Medio Ambiente para interesarse por el desarrollo de la ley que limita la caza con perdigones de plomo. Eso se llama estar en sintonía con la inquietud social. Dicen en Zarzuela que lo ha hecho no en su calidad de cazador sino de hombre preocupado por la ecología. Tanto lo está que se carga a los bichejos a golpe de escopeta para que éstos no se coman a su vez la flora patria. Por cierto, no sé si habrá calibrado Mariano el rebote que se habrá cogido su majestad con su propuesta de plantar quinientos millones de árboles. A ver quien es el guapo que encuentra a los jabalíes entre tanta frondosidad. Ya saben que las hazañas cinegéticas del monarca están casi a la altura de las de Alejandro Magno. Otro estilo. Cuentan que fue él mismo quien aniquiló en Rusia al oso Mitrofan aunque se rumoreó que antes le habían embolingado (al oso me refiero) para que estuviera más tranquilo y nuestro amado Rey no fallara el tiro. De todos modos no sé de qué nos quejamos. Por lo menos las alfombras que decoran los salones se las ha currado él y no las hemos tenido que pagar nosotros. Si es que no estamos contentos con nada. Ya verán cómo entre las próximas preocupaciones de los españoles detectadas por el CIS está la caza con perdigones incluso antes que la inmigración. Lo digo porque como siga subiendo así el pollo vamos a tener que ir a cazarlos nosotros. Lo dicho. Nuestro Rey, un visionario.

9 de enero de 2008

FELIZ FELIZ EN TU DÍA


El Príncipe Felipe, al Rey: 'Gracias, patrón, por este ejemplo de vida' (nos ha jodío)
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Dicen que Juan Carlos es el Rey de todos los españoles pero sólo ha invitado a quinientos a su cumple. Queda feo y no es justo. No digo yo que preparen en Zarzuela unas tortillas y unos sanjacobos para los cuarenta millones pero, si se fijan, por la filosa siempre comen los mismos incluso sin ser periodistas. Algunos, todo hay que decirlo, sin que les haga ni puñetera falta habida cuenta de su evidente sobrepeso. Como el monarca ha tirado la casa por la ventana con motivo de cumplir setenta castañas ya podrían hacer sentado al menos a un pobre a la mesa aunque no tenga que declarar por el IRPF. Quien dice un pobre dice un joven con un contrato de mierda o un inmigrante explotado por un salario miserable. Así, entre espina y espina de la lubina que se zamparon los gerifaltes de la patria, podría saber nuestro querido Rey las fatigas de algunos de sus súbditos. A saber lo que habrá costado el ágape. No crean que Juancar I el Campechano se los llevó al Burger King para que les dieran a los invitados una coronita aunque fuese de cartón y supieran por unos instantes cuan cansado es el peso de la púrpura. Qué va. Había vieiras y pastel de limón. Y por si no se le cerraban los ojos de la grima con el cítrico en cuestión allí estaba Josemari hablando a los vecinos de mantel en sabe Dios qué idioma. Se debe hacer un lío monumental hasta que repara qué país tiene la inmensa suerte de tenerle como visitante. También estaba Calvo Sotelo a quien no le hace falta el limón para torcer el gesto. Simplemente es así de sieso. Carod, aunque le prometieron pantumaca y una esencia nitrogenada de butifarra, ni apareció. Qué 'malqueda'. Siendo catalán él y gratis la cena no cabe duda de que su espíritu republicano cuenta con una raigambre a prueba de bombas. No es decartable que pidiera el condumio por mensajero. Lo cortés no quita lo valiente. Sepa usted, por si no lo sabía, que de no estar entre esos cuatrocientos cincuenta elegidos para la gloria es un soberano mindundi. Un don nadie de tomo y lomo. A mí me cursaron invitación pero decliné con una exquísita cortesía. A los artistas e intelectuales no se nos compra con una lubina. Si hubiesen puesto un poquito de Guijuelo...

3 de enero de 2008

UN AÑO HORRIBLE HORRIBLE DE LA MUERTE

Disculpen las tempranas horas propias del desayuno pero no puedo por menos que recurrir a una eximia cita que allá por mi remota juventud decoraba algunas paredes y puertas de lavabos públicos. 'Millones de moscas no pueden equivocarse: come mierda', se decía en este ejemplo clarividente de sabiduría popular. Por tanto, y en estricta aplicación de esta máxima, doy por hecho que, si todos lo dicen, este ha sido el año más horrible para la monarquía española. Qué digo horrible. Horrible horrible de la muerte. Todavía ando dando vueltas a las razones pero si ellos lo dicen por algo será. No sé. Lo cierto es que apenas he podido pegar ojo ¿Se ha estropeado el Bribón? ¿No ha nevado en Baqueira? ¿Hay goteras en el Palacio de Marivent? ¿Le han devuelto por impago al Príncipe alguna letra de la hipoteca del chabolo? ¿Tienen que esperar cola cuando van al Teatro Real a escuchar alguna ópera? ¿Tienen que pagar el Interrail cuando van de viaje oficial? ¿Les cobran parte de la partida presupuestaria extra que se ha tenido que arbitrar para subvencionar pañales? Que yo sepa no. Sin embargo algo debe de haber que se escapa a mis entendederas. Quizás sea porque, poco a poco, una Institución anacrónica y parasitaria como pocas, acaso sólo comparable en este último aspecto al currículum de Potxolo, se pone poco a poco en cuestión. Y si es por eso ha merecido la pena que un annus horribilis para la Familia Real haya sido un annus esplendidus para este país. Ya sé que el Rey es muy campechano, que la Reina es discreta y educadísima, que el Príncipe es el yerno ideal, que Cristina es moderna y una mujer de su tiempo y que Elena es tan de su tiempo que incluso se acaba de separar de un tipo que, eso sí, parece de los tiempos del motín de Esquilache. El único matiz, no menor, es que un servidor no tiene nada en contra de la familia Borbón pero sí en contra de lo que representan. Y en eso el año nuevo sólo conseguirá en mí apuntalar aún más viejas costumbres.

22 de octubre de 2007

ESPE, UNA SANTA

Han tenido que pasar unos años pero Teresa de Calcuta ha encontrado en Espe una digna sucesora. A pesar de que apenas quedan unos meses, no ha podido esperar a los Reyes Magos y le ha pedido a Juancar I el Campechano, que le tenía más a mano, que tenga un 'trato humano' con Fede Losantos. Pobrecillo. Tan insultón y multimillonario ¿No le da pena alteza? Ha querido el destino que esta intercesión coincida con el desalojo a palos, por ambos lados, de los vecinos de la Cañada Real. A la marquesa presidenta no se le ha oído decir esta boca es mía. Pedradas, empujones, casas derruidas por las grúas, gente en la calle con una silla y una manta, niños descalzos sin colegio, mujeres embarazadas corriendo, policías con la cabeza abierta... ¿y Espe qué dice? Rien de rien. Esos tratos no van con ella ¿Trato humano? Me la bufa. Sin embargo, Fede sí que mueve a la compasión. Espe quiere que le rehabiliten ¿Qué le ha pasado? ¿Un esguince de lengua? Vaya, qué lástima. Ya saben que este tipo anda por lo visto bramando para que el Rey abdique. Ya saben también que esta es una de mis grandes preocupaciones sólo superada porque no acabo de cogerle el tiempo de cocción a los percebes. A mí me gustaría que no abdicara. No porque quiero que siga sino porque me gustaría que no estuviera. De todos modos, este individuo logra que, basta que lo pida él, para que a un republicano le entren veleidades monárquicas y desee que se quede toda la vida ¿Lo ven cómo es muy peligroso?

2 de octubre de 2007

EL REY Y EL CARNICERO DE MI MADRE

El Rey dice que la Monarquía es lo mejor que nos ha pasado a los españoles desde que Massiel ganó Eurovisión. Me recuerda mucho al carnicero de mi señora madre. "Mamá, estos filetes están duros" "Pues me ha dicho el carnicero que son buenos" ¿No será porque los vende él? Más o menos lo mismo pero con más visión de Estado. Lo cierto es que al ver en la tele al campeón de los campechanos uno no sabía si estaba en un acto solemne o en un anuncio de la teletienda. 'Si se hace usted monárquico, además de invitarle cada año al bautizo de un infante o infanta, le regalamos una corona de cartón del Burger y a los que llamen en la próxima media hora una suscripción a la revista Hola'. Vaya por delante que yo no tengo nada en contra de la gente campechana ni del ciudadano Juan Carlos. Otra cosa es lo que representa. Han pasado treinta años de las primeras elecciones y nadie me puede convencer de que no sea tiempo suficiente para que el jefe de un estado democrático no sea elegido en las urnas. La monarquía apesta a naftalina. Si al comienzo de la Transición tuvo su virtualidad hoy no es de recibo que a una pareja de treintañeros con buena salud les tengamos que pagar a escote entre todos la hipoteca de su Palacio. De puro simple se cae por su propio peso. Uno ya se harta de que esa presunta simpatía y esa cercanía al pueblo que se traduce en una decena de apretones de mano cada dos meses sea el salvoconducto para vivir a cuerpo de 'idem' a costa de mis impuestos y de los suyos. Hay diferencias con el medievo. Claro que las hay. Ahora, por ejemplo, los bufones trabajan en la radio y en vez de hacerle reir le dan hostias como panes desde la cadena de los obispos. Es lo único que me acerca a esta institución: estar lo más lejos posible de estos carcamales. Ya cansa echar mano a cada momento de los cromos de la Transición para justificar el gran papel que tuvo el Rey y don Adolfo Suárez (todos mis respetos más ahora que anda indefenso) ¿Quién se acuerda de José Luís? Yo le llegué a conocer. En los calabozos de la DGS le rompieron todos los dientes a fuerza de patadas y golpes por reclamar libertad y democracia. Hasta que años después su partido no reunió el dinero suficiente no pudo tener una dentadura postiza. Hay muchos como él sepultados en el olvido. Ellos fueron los héroes aunque les traten con la misma indiferencia que a los extras de una película de romanos. Ante esta convulsión sobre la monarquía las brigadas de pijo-independentistas andan crecidas quemando fotos del Rey como si esa gamberrada fuera equiparable a la toma del Palacio de Invierno. Les sacan en los periódicos a toda página y al día siguiente ya les tienes con una boina del Ché de diseño a ver si salen en la tele, ligan con alguna guerrillera del barrio de Gracià y se van a echar un kiki después de ver al Barça. Es lo que tiene la revolución.

23 de abril de 2007

Vaya faena

Entre carcajada y carcajada me he quedado altamente contrariado y asaz estupefacto. Estaba uno colmado de dicha (descojonado vivo, vamos) viendo cómo los veleros de la Copa de América llevan días más parados que un gato de escayola por la falta de viento cuando un suceso que pudiera antojarse baladí me ha agriado el gesto. El Principe campechano, hijo del Rey más campechano que monarquía alguna llegara a conocer, no entra en el sofá que le han preparado en la Ruber para esperar el inminente natalicio.

Al disgusto que me he llevado por semejante contrariedad se suma que son apenas dos centímetros los que separan su merecida comodidad del venidero tormento. El sofá mide uno noventa y cinco y don Felipe uno noventa y siete. Como se da por hecho que su higiene y aseo personal es máximo evitamos aconsejar a su majestad que se corte al ras las uñas de los pies a ver si así se encajona un sueñecito durante la espera. A mí me parece falta de previsión ya que, con lo que entran y salen los infantes de la maternidad, ya podrían haberles tomado medidas hasta para ubicar al milímetro los urinarios.

Y no será porque la broma sale barata. Con lo que cobran en la Ruber por dar a luz el vástago te tiene que salir, mínimo, niño/a prodigio en su más amplia acepción. Nada menos que unos cuatrocientos eurazos por habitación y la Casa Real ha reservado hasta cuatro. Una de dos. O esperan quintillizos o se van a quedar a vivir allí para ahorrar la gasolina de los viajes.

La cercanía de la buena nueva me tiene en ascuas. Con decirle que me tengo que echar las valerianas en un contenedor y tragar con un garrafón de cinco litros les digo todo. Qué decir en la propia clínica. Se ha armado un revuelo de padre y muy señor mío. Se dice que uno de los médicos promete a los pacientes que si se portan bien le dirá al Rey que baje a saludarle. Se sospecha que pudiera ser para que se adormeciera con sus discursos y ahorrarse un pico en anestesia.

25 de diciembre de 2006

Un discurso campechano


¿Se pueden creer que se me pasó? Si tanto langostino no puede ser bueno para el riego cerebral. Me había programado hasta la alarma del móvil para no olvidarme pero el sonido procedente de la succión de cabezas del marisco más proletario me impidió oírla. En conclusión, ni ví ni oí el discurso del rey más campechano. Qué coraje. Y si no lo oyes ni ves tú mismo, a saber lo que ha dicho. No sé si se han dado cuenta, seguro que sí pues me he dado cuenta hasta yo, pero la arenga del monarca es lo de menos. Aquí lo importante viene después, cuando cada medio de comunicación arrima el ascua a la sardina que más le conviene. Por lo tanto, si un año fallara el sonido y sólo le viéramos gesticular, las valoraciones serían las mismas. Que diga lo que quiera, que yo opinaré lo que me dé la gana. Lo cierto es que el calado de los discursos del Rey es semejante al que tiene el prospecto de la aspirina. Es lógico. Por un lado le dicen que no se meta en política y, por otro, le hacen interrumpir la ingesta de peladillas para soltar una soflama a la nación. A ver si se aclaran. Además lo programan a unas horitas que vaya. A los niños que les da pena el cochinillo en la bandeja, la abuela que si esa cena tiene mucha grasa, los hijos del vecino que vienen con la pandereta a pedir el aguinaldo, papá haciendo la gracieta con la zambomba, los primos tocando las pelotas con los jarrones, el perro mordiendo el bajo de los pantalones al cuñaaaaoooo. En fin, un jaleo. Lo lógico es que lo pusieran a última hora de la noche, entre el teletienda y las ofertas de aparatos de abdominales que anuncia Chuck Norris. Por lo menos, en esta franja horaria uno suele estar medio borrachuzo y, de ese modo, igual hasta lo entiende mejor. Me ha disgustado aún más no poder ver el de la Reina Isabel II. Ya saben que, según los linguistas británicos, la señora ha ido aproximando su dicción al pueblo. Hay que recordar que Isabel II no es, ni de lejos, tan campechana como nuestro Juancar. Queridos compatriotas, que lo paséis chachi piruli y os cojáis un pedo de grande como el Big Ben. Ahora que lo pienso, me hubiera dado igual. No sé inglés. Ni con acento shakesperiano ni siquiera con acento de hooligan marginal. O sea que uno no lo hubiera entendido y el otro ni siquiera lo he visto. Menudo monárquico estoy hecho. Ah, no, calla.