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14 de agosto de 2007

ABUELETE, UN PORRETE

Al final vamos a volver locos a los abueletes. Primero les decimos que se busquen un 'hobby' con el que amenizar su jubilación y luego les metemos un paquete cuando lo eligen. Por si no lo sabían han detenido en un pueblo de Alicante a un anciano holandés de ochenta y tres años por haber encontrado en su casa más de cien plantas de marihuana. Y él qué sabía. Seguro que compró los esquejes sin ponerse las gafas de cerca con el convencimiento de que eran unos geranios. El hombre se habrá volcado con mimo para que le crecieran las plantitas, las habría regado al arrullo de las canciones de Bob Marley y ahora que se iba a poner a tejer los maceteros de macramé para regalarle un tiesto a cada familiar le quieren meter en el trullo. Hay que ver. De todos modos si nos ponemos tiquismiquis con las actividades de los ancianos no entiendo porque no sientan en el banquillo a sus monitores de baile de salón. Mira tú que querer enseñar a bailar un rocanrol a personas con unas lumbalgias horribles. Eso sí que es un peligro y no que un anciano se equivoque y en vez de la bolsita de té Hornimans eche alguna que otra hierba al agua hervida. Hasta en el caso de que el venerable anciano holandés fuese consciente de que plantaba unos hermosos opiáceos no comprendo estas represalias sobre todo si tuviese la enorme suerte de ser español ¿No les secuestran en los mítines durante las campañas para escuchar todo tipo de necedades? Pues más de uno se ve abocado a la drogadicción y razones no les faltan. "Si yo llegó al poder queridos ancianos os voy a subir la pensión el mil por ciento". "Pues si llegó yo os voy a poner la misma que tiene Botín". Luego porro va y porro viene. No es de extrañar. Visto por el lado bueno, que lo hay, la plantación del abuelete guiri también vendría a evidenciar que nuestras pensiones, en contra de lo que se decía, están a la altura de las europeas. También los pensionistas holandeses necesitan apañarse sus complementos para llegar a fin de mes. Lo ven. Si todo es ponerse. Cuando se levanta uno optimista no hay quien le pare.