25 de enero de 2007

Agitadores por horas

Si usted quiere cambiar de trabajo está a tiempo. Tan solo tendría que ser avispado y exportar de Alemania un curro que se está poniendo de moda. Dése prisa porque en Madrid ya se conoce algún caso. Se trata de alquilar su conciencia por horas y salir a la calle para manifestarse. No olviden que algunos la alquilan por Legislaturas y llegan a ser hasta ministros. En este caso se trata de ofertar una especie de mercenario de la consigna, de profesional del eslógan. Puede ser un chollo. Fíjense en el dineral que podría haber acumulado desde que al PP le dio por ser 'pancartero' y convocar una 'manifa' casi a diario. Estos jóvenes alemanes tratan de llamar la atención del cliente asegurando que pueden protestar por lo que les pidan. Es decir, como Martínez Pujalte pero con contrato por horas. Lo que no acabo de entender es porque, hasta ahora, los zagales teutones tienen que ser bien parecidos como si en vez de juramentar contra el gobierno en las calles fueran a desfilar en Cibeles ¿No se puede ser feo y estar cabreado? Si además así pareces más cabreado todavía. Los chicos se anuncian en una página web. Unos informan de su facilidad para 'distanciarse de sus pensamientos' en caso de ser contratado y una joven, de nombre Melanie, advierte que su disponibilidad se limita a cien kilómetros alrededor de Berlín. Más o menos como si se tratara de un servicio de 'tele-manifa' dígame. Dentro de ese radio de acción ella se echa a la calle para lo que haga falta. Eso sí, previo pago. No crean que sale barata la broma. Seis horas con Melanie (me refiero, claro está, a su faceta de agitadora social profesional) sale por unos ciento cuarenta y cinco euros. Claro que en seis horas te puedes ir a unas cuantas. Miren si no Espe Aguirre, que desde que se compró el monopatín antiZP no se pierde una. Decía que en Madrid ya se sabe de un caso más sofisticado. Se llama Ruiz Vampirón y es un tipo disfrazado de Drácula a quien puedes alquilar para que proteste contra el alcalde por sacarnos los cuartos a los vecinos. El hombre aparece entre la turbamulta agitando la capa, le pagas y se va con su 'performance' a otra parte. También se ofrece para cumpleaños. En este caso no para protestar por la tarta sino para hacer las delicias de los más pequeños. No se quejará ZP. Con estos nuevos nichos de empleo dentro de poco tendré que trabajar hasta yo y por ahí si que no paso. Entonces si que me echaré a la calle aunque sea gratis.

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