27 de noviembre de 2006

Vídeo versus vídeo

Estoy emocionado. A este ritmo nos van a eximir de las campañas electorales. Bastará con que vayamos al buzón y recojamos los vídeos de cada partido. Como un curso de macramé pero en versión bronca política. Ansío conocer cuál será la próxima entrega. Desde los tiempos del 'doberman' con el que los socialistas quisieron retratar al PP ya ha llovido. Aquel levantó una polvareda tremenda por lo que tenía de belicoso aunque el tiempo demostró que el can no era tan fiero. Un caniche al lado de los ladridos de Pujalte. Si se admiten sugerencias, vídeos a la carta que diríamos, yo me pido el de la boda de Ana y Agag. Desde Sissi Emperatriz el mundo no conoció nada semejante. Qué lujo, qué glamour, que despliegue de personajes. Algunos incluso trabajaban. Ahí sí que no pueden competir los socialistas. Tenían a Boyer pero se retiró a sus despachos de caoba. Ya sabrán que el PSOE ha contraatacado con un vídeo sonrojante. Digo sonrojante para Jose y su tropa. He oído la 'promo' y, si yo fuera alguno de los implicados, pedía asilo en un convento de cartujos. Claro que para eso hay que tener una pizca de vergüenza y no seré yo quien pida imposibles. Esta cinta al parecer no sigue la tendencia marcada por el videoclip de la inseguridad que, como conocen, se caracteriza por incluir toda la bronca posible sin reparar en gobiernos o fronteras. Quiero decir que las voces que se oyen no son de ventrílocuos. Son las de Jose hablando de contactos con el movimiento vasco de liberación, del acercamiento de presos aprobado por su gobierno, de Miguel Ángel Rodríguez, añorado portavoz, asegurando que no habría ni vencedores ni vencidos, eso cuando aún no había ni tregua, e incluso de Mariano, suave como la seda al hablar de ETA. Como ahora, vamos. Mientras tanto, nadie levantaba la voz. Ha sido una pena no haber aprovechado la manifestación de la asociación de víctimas para proyectar estas jugosas apariciones. De esas cien mil personas segura que unas cuantas no sabrían adonde meterse. Al resto le sería igual. Ya sabemos que no hay peor sordo que el no quiere oír.

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