27 de agosto de 2006

Ayuno luego pago

A estos ricachones, como van sobrados, a menudo el parné les nubla la inteligencia si la hubiere o hubiese. Un grupo de selectas personas humanas suelta unos cuatro mil euros por estar diez días sin comer en una clínica de lujo. Digo yo que si no les saldría más económico y eficaz pasarse un mes en una aldea de Somalia. Una de las clientas de la 'Buchi', que así llaman los habituales a la Clínica Buchinger de Marbella, cómo no, se irrita cuando la tildan de ricachona. La respuesta es fulminante "¿Ricachones? ¡Mentira! ¿Quién no tiene hoy seis mil euros para irse al Caribe?". Pues eso digo yo. Me encantan estos tipos. Me recuerdan a una política que, de viaje oficial a un país latinoamericano, se quedó estupefacta al ver un poblado marginal de la zona. No sé cómo pueden vivir así, exclamó. Hay gente pa' to; pero que razón tiene. Mira tú que dormir en el suelo bajo un techo de zinc apuntalado con dos piedras pudiendo vivir en un adosado con jardín y barbacoa de obra. Qué ocurrencias. En fin. El menú de la 'Buchi' es espectacular hasta el punto que el plato estrella, que viene a ser la traslación minimalista de lo que pudiera ser en la dieta lumpen proletariado el chuletón, es una hojita de roble que, eso sí, te presentan en vajilla de Sèvres. El resto, zumito, caldo, un poco de miel y a endiñar los euros. Los nutricionistas lo llaman 'ayunoterapia', una técnica inventada en África hace siglos y que ahora se pone de moda hasta el punto que por allí desfila la 'créme de la créme' que se decía antes. Es lo que tiene la 'famositis'. Te ceban todo el año a canapés de gratis y luego tienes que dejarte el pico que te has ahorrado en comidas en bajar la lorza en la 'Buchi'. Por lo visto hay otro método más barato aunque de un místico subido. Se trata de adelgazar rezando. En EEUU, como no, ya se han apuntado legiones a esta terapia que consiste en comunicarte con el Ser Supremo y rebajar grasilla en ese estado de gracia ya que, según amenazan los curas apocalípticos, la obesidad es pecado. No sé si después de este nirvana puedes endilgarte una chistorra y te afecta lo mismo que un yogur desnatado. Tampoco sé si será más práctico meterte en la sauna o en el confesionario. Otros somos más picapedreros, más clásicos y, evidentemente, más modestos en nuestras finanzas y más terrenales en nuestras vivencias. Gimnasio municipal y a sudar. Así estoy volviendo yo a moldear de nuevo la fuerza de la naturaleza que siempre fui sin tener que comerme porquerías ni alfalfas modernistas que rechazaría hasta Platero ni tener que levitar. Nada de baños de barro que te ponen perdido ni de poner los ojos en blanco a causa de una posesión celestial. A pelo, tipo Rocky versión Fernando Esteso. Con la tontería llevo ya quince quilos perdidos en tres años que se dice pronto. Un héroe aeróbico, vamos. Me decidí una mañana cuando, en la ducha diaria, y recalco esta periodicidad para que sepan que soy hombre aseado, la grasa acumulada en mi andorga me impedía ver el apéndice que pende por debajo de la cintura. Ese punto de inflexión en mi vida procuró que hoy atraviese una espléndida madurez sin necesidad de que me saquen los higadillos por no comer ni que un pastor me acongoje con sus sermones sobre lo pecaminoso de la morcilla de Villarcayo. Faltaría más. Uno se crió bajo la máxima del pobre. Ya saben. Más vale reventar que sobre. Ya es tarde para cambiar.

2 comentarios:

paredes dijo...

Con lo que nos cuesta llenar la andorga, yo como tu, cuando me pasó la cosa de no verme el miembro, lo que hice fue un poco de ejercicio y comer menos.Algo siempre se ahorra y se gana en salud.Pero pagar por no comer, solo se les puede pasar por el cerebro a personas con dinero y sin corazón, habiendo tanta hambre en el mundo.

cambalache dijo...

Pues sí, es insultante y además una solemne gilipollez. Claro que como decía el gran filósofo Julio Iglesias, el dinero sólo le preocupa a quien no lo tiene. Qué lumbrera