14 de julio de 2006

¿Y ahora qué escribo?


Ese guiñapo inerte que este hombre muestra para vergüenza del mundo no era una niña. Era un objetivo militar. Ni su madre ni su padre pudieron nunca contarle un cuento. Demasiado ruido de bombas para hacerse oír, demasiado humo de polvora para hacerse ver, demasiado miedo para jugar. Una imagen no vale más que mil palabras pero ésta debería bastar para sentir repugnancia y buscar culpables. Los que ejecutan y los que consienten, los que tiran las bombas y los que miran para otro lado cuando caen. Es cierto, estos peligrosos niños, al fin y al cabo gérmenes de futuros terroristas, son afortunados. Ningún niño del mundo puede disfrutar de los juegos de guerra en mejor pantalla, con tanto realismo, jamás ninguna tecnología de Play Station ofrecerá tanta calidad de imagen y sonido. No son niños, ya lo saben, son potenciales asesinos y mejor acabar con el mal antes de que se ramifique y crezca. Qué raro que los críos que hoy, ayer, anteayer viven en la oscuridad de Gaza, aislados, sin nada que comer, llorando y con sus padres sin poder darles consuelo no acaben de adolescentes en Inglaterra aprendiendo inglés en algún intercambio para luego matricularse en Oxford. Qué críos tan raros, con esa infancia tan envidiable les da a algunos por inmolarse con veinte o menos años ¿Acaso nunca hemos pensado que quizás sólo les hemos dejado la violencia como razón que justifique su vida? ¿Cuánto vale una vida enjaulada entre el miedo y las bombas a la edad en el que uno debería andar jugando al escóndite? Menos que nada. Si alguien intuye la mínima justificación a salvajes atentados allá él. No habló de consecuencias, hablo de causas, de injusticias, de silencios, de impunidad, de miseria, de asco. Ni siquiera me planteo estas barbaries en términos aritméticos o exponenciales. No me vale que por cada muerto de uno los enemigos pongan el doble o el triple. Lo que sí me vale es que no se debe (poderse se puede y a la vista está) permitir a un Gobierno aplicar los mismos esquemas que un grupo terrorista. Un Gobierno, no un pueblo, cuidado, puede ser tan democrático como nauseabundo. Alguien debe desatarse los brazos y dejar de limarse las uñas y decirle a los gobernantes de Israel que los 'asesinatos selectivos' no caben en un Estado más aun cuando en la práctica se traducen en bombardear de forma indiscriminada contra quien sea porque, como hay tantos terroristas, alguno caerá. Qué dice mister Pesc, el superministro europeo de Exteriores, pues que hay que guardar la calma como si en lugar de una masacre repulsiva a alguien le hubiese dado un desmayo. De Bush no espero nada, sólo que se vaya cuánto antes, pero de esta Vieja Europa uno esperaba más que echarse las manos a la cabeza con idéntica actitud que si un balón de fútbol hubiese pasado rozando el poste.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ufff!!! me has dejado hecho polvo para toda la tarde. Soy padre y que Dios nos libre...yo me muero detras de ella. Seguro.

** Ayer estuvistes genial. Ahora si...Felicidades!!!

JCI

cambalache dijo...

La verdad es que da asco, tío. Los críos y los perros son mi debilidad y no soporto ver cómo les matan, a unos y a otros, mientras se tocan los huevos los poderosos

Anónimo dijo...

Mister Pec, al igual que todas las instituciones que deben velar por los derechos humanos,está de vacaciones cuando hay tormenta.Cuando la cosa amaine, saldrán en los medios diciendo paridas con su clásico bla,bla, bla.Pero la realidad es que no hay quien tosa a los genocidas de USA y su perro faldero Israel.
Esta gentuza se pasa por el forro cualquier resolución de la ONU o de la madre que la parió.

cambalache dijo...

Pues sí y luego quieren dar ejemplo