Cómo pasa el tiempo. Cuando me pongo original e innovador no hay quien me aguante. Fíjense si me he levantado raro que voy a echarme a perder en los brazos venenosos del elogio y la admiración. Lo vengo barruntando hace tiempo y no quiero asumirlo pero cada vez me veo menos español. Hablar bien de alguien sin sentir envidia sino regocijo por un éxito merecido ¿No seré sueco pese a mi aspecto algo rudo para esas tierras? Yllana cumple quince años. Si se lo temen están en lo cierto. Voy a marcarme una de batallitas. Corría la recién estrenada década de los noventa (por favor ahorrénse los ronquidos) cuando uno, entonces todavía bohemio y zascandil, conoció por casualidad a estos tipos representando una obra que ya ni recuerdo aunque aún tengo la mandíbula algo desencajada de reírme tanto. Más tarde volví a peregrinar a un garito (el Cats, un local pijete que les acogió) y comencé a hacer apostolado de su causa que no era otra que hacer reir sin decir una sola palabra. Recuerdo incluso haber compartido con Fidel, uno de sus fundadores, una fiesta en el local okupado de Minuesa cuando todavía los okupas no gastaban calzoncillos Calvin Klein y alguna que otra caña con Antonio, otro de sus creadores, en las tabernas del barrio. Desde entonces todo les ha ido muy bien hasta el punto que, hace tan solo unos días, se han hecho con la propiedad del Teatro Alfil, un espacio escénico aledaño a Malasaña que sufriera en sus días el acoso, que no derribo, de las lumbreras culturales del PP. Allí se gestó la resistencia contra el concejal Matanzo, una especie de Charles Bronson a quien, sospechosamente, le tocaba el gordo de la lotería día sí y día también. El Alfil ha sufrido numerosas convulsiones; amenazas, cierres, sanciones, persecución administrativa pero también aglutinó a la gente que estaba harta del oficialismo casposo de la derecha verbenera. Allí se presentó años ha el Libro Negro de Madrid, allí se intentó todo contra Leo Bassi y allí también se les hizo en su momento un hueco a Yllana, unos chavales que empezaban y que hoy son los dueños del teatro. No es el sueño americano; es tan solo la recompensa a mucho trabajo y a mucho talento y contra esas armas no pueden ni la intolerancia ni los ecos cavernícolas. Enhorabuena, felicidades y que sois unos monstruos. He dicho. Y si no los habéis visto nunca no sé a qué coño esperáis (perdonad la vehemencia pero es por vuestro bien, que os he tomado cariño y uno es un sentimental).
1 de julio de 2006
Todo merecido
Publicado por
cambalache
en
7/01/2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)





2 comentarios:
Larga vida a Yllana y al Alfil con ellos.No les he visto en directo pero sí en la tele.Hace pocos dias estando yo trabajando, les oí en una entrevista en la radio sobre el tema Alfil.Encantadores.
Sí que lo son ya demás te hacen reir una 'jartá'
Publicar un comentario