6 de julio de 2006

El origen de la cagada

Quienes de manera generosa siguen mis sandeces, aderezadas de vez en cuando con alguna reflexión sesuda impropia de mí, recordarán el prodigioso suceso. Para quienes no hubieran tenido noticia de tan extraordinario acontecimiento les pongo en antecedentes. Allá por marzo una cagada de presunto lince (éste, a pesar del presunto, no tenía nada que ver con la Operación Malaya) tuvo en vilo a la Comunidad de Madrid. Su aparición ponía en peligro el continuar o no con la construcción de una carretera. Si había lince no había carretera porque el felino es una especie protegida y carreteras hay a mantas y, en caso contrario, se seguía adelante con la vía. Ya entonces, después de escudriñar bibliografía diversa y consultar a expertos, en animales, no en cagadas, barajé tres hipótesis principales. A saber, primera que el lince hubiera plantado el pino hace tiempo (la boñiga aparecía reseca) y se hubiese ido a otro país tentado por las ofertas de Viajes Halcón; segunda, ésta compartida con el consejero del ramo, que la defecación hubiese sido depositada por un pérfido ecologista para sabotear el proyecto, y tercera y última, que la cagada (estoy escribiendo a la hora del desayuno y cómo que no sé si es la más apropiada) no fuese de lince sino de algún humano de corta estatura preso de un apretón en medio del campo o, acaso, de otro animal. Pues bien, después de cuatro meses en vilo los científicos ya han esclarecido este misterio y un buen amigo así lo relata hoy en la prensa para tranquilidad de la Humanidad. Estaba Iker Jiménez en ello pero la ciencia, en esta ocasión, ha sido más rápida que el esoterismo. No demoro más la verdad pues les veo inquietos y azorados. La caca era de gato. Y digo yo que el gato en cuestión o venía de una boda y se había puesto como el kiko o la naturaleza le había dotado de un tamaño descomunal porque la boñiga era de volumen considerable, se sobreentiende que para un gato ya que uno ha sido testigo de cagadas de vaca que bien pudieran confundirse con el Mulhacén. No es que quiera yo criticar a un gremio al que admiro como el de los científicos, pero luego nos quejamos de que tardan en darnos los resultados de los 'analis' en la Seguridad Social. Cuatro meses para saber de quién procede una porción de mierda, así como suena, tampoco es mal plazo no se crean. Claro que habrán tenido que cotejar excrementos que van desde el Ratoncito Pérez a Imperioso, aquel caballo con quien hablaba el desaparecido Jesús Gil. Y puestos a desvelar misterios, y a falta de confirmación oficial y de atar algún cabo suelto, estoy en condiciones de asegurar que llevamos años engañados. El monstruo del Lago Ness no vive sumergido en Escocia. Qué va. Vive en el tercero derecha de mi misma casa. Como se lo cuento. Hallábame ayer releyendo, que dirían los cursis, a Céline con la ventana abierta de mi modesta alcoba cuando unos gruñidos espantosos me sobresaltaron. Mi perro levantó las orejas y, seguidamente, impulsado por su valentía se metió debajo del catre y allí me dejó más acojonado que ante una intervención de Martínez Ultrapujalte. Poco a poco, debido a que la insistencia me facilitaba el estudio detallado, me percaté que más que gruñido se trataba de ronquidos 'home cinema' y que quien los profería luego te lo cruzas por las escaleras y parece hasta normal. No se quejarán, por el mismo precio, les he resuelto dos misterios y seguro que ya pueden dormir tranquilos, por lo menos hasta que mi vecino se traslade a algún lugar cercano a sus domicilios.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Eres un monstruo, sigue deleitandonos con tu fina ironia.

cambalache dijo...

Eso es que no has visto a mi vecino el del Lago Ness

Anónimo dijo...

Yo la llamaría la cagadita .Pues la gran cagada ya está consumada con tanta sobredosis de cemento en la mayor parte del país. Por supuesto que la cagadita, será manipulada hasta conseguir hacer la carretera para seguir encementando la zona verde donde se encontró a la susodicha.