Por primera vez en catorce años una cría de gorila ha nacido en el Zoo de Madrid. No digan que no estoy en los asuntos de Estado con mayúsculas, en las noticias que serán pasto del intelecto de los tertulianos (por cierto ya les contaré al respecto porque creo que en breve me tragaré muchas de mis palabras), de las informaciones que conforman el pulso del universo mundo. Es que soy así, escudriño entre el aluvión y me quedo con la gota de interés humano y me reafirmo en lo de humano aunque vaya hablar de gorilas porque ni siquiera les he negado esa condición, la de humanos no las de gorilas, a alguna de sus señorías. Cuánto envidio a esta gorilita. Ha nacido en Madrid y no tendrá que pasar por la M-30 ni ver los informativos de Telemadrid; ni que Espe le pregunte por su vida al confundirla con la vecina del cuarto, no tendrá que recorrer la calle de los mesones, aledaña a mi hogar, y toparse con la tuna, ni blasfemar en un atasco y que la quiten puntos por irreverente ni tener que hacer lista de espera en los hospitales. Qué envidia insana. Claro que no todo iba a ser perfecto y desconozco si por tradición 'gorilera' (ya acuño hasta neologismos, estoy que me salgo) o porque ha nacido en España, cuenta la reseña del natalicio que Malabo, el padre de la criaturita, y Gorka, la dichosa madre, se están portando como auténticos padrazos; es decir él vigila y ella la cambia los pañales y la cuida. Vamos, que los gorilas aprenden rápido. Eso sí, a los tres o cuatro años se independizan sin necesidad de que les regale unas zapatillas la ministra Trujillo para que encuentren piso. Ya sé que en este momento algunos padres con hijos ya en edad de merecer habrán exhalado un suspiro. Y yo aquí con mi Jorgito, a sus cuarenta y uno, pelándole las naranjas y recogiéndole los calzoncillos por el pasillo. Hace un par de días le preguntaban a un mozalbete, un apelativo cariñoso pues se trataba de un zagal ya curtidito, sobre la posibilidad de comprarse un piso y respondía el buen hombre que a él cómo si le hablan de Saturno. Sin embargo nuestra gorilita, sin nombre aún ya que se lo pondrán los niños en democrático ejercicio (me temo lo peor, la veo llamándose PSP o SMS), ya ha nacido con techo y le dan de comer por la patilla. Siempre quedará el ortodoxo que dirá que los gorilas deben estar en libertad pero, qué quieren que les diga, que a mi mala vida no me parece. Debe ser que estoy acostumbrado a que alguien me espeté por cualquier razón un 'pobrecillo' cuando se refieren a mi sultán. Luego lo pienso y me digo ¿pobrecillo? Tiene casa con derecho a terraza, le pongo la comida, le cambio el agua en verano para que esté fresquita, salgo a las ocho de la mañana para ganarme el sustento y el se queda durmiendo, vuelvo y le saco a pasear, le recojo las caquitas, le vacuno, le baño, le peino a diario, cambio de canal cuando ladra porque no le gusta ¿pobrecillo? ¿Y entonces yo? Que me den ¿no?
5 de julio de 2006
Bendita Gorila
Publicado por
cambalache
en
7/05/2006
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2 comentarios:
Pues nada, si algún día tienes algún bebé o adoptas,cambia el sultán por el gorila.Al menos te hace algún trabajo y tendrás más tiempo libre para escribir más novelas.
Me defendería mejor porque mi sultán si vienen unos ladrones les lame los guantes y se va con ellos
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