A buen seguro que el anuncio tendrá nulo éxito y no por el aparante desequilibrio entre lo que ofrezco y lo que demando sino por la escasa imaginación de este país que debería aprender alguna cosas de allende los mares más allá del Festival de la OTI y la exportación de hamburguesas de dios sabe qué carne y mejor no saberlo. El tipo que aparece risueño, no es para menos, con ese clip gigante en la boca se llama Kyle MacDonald (vamos un García o Gómez patrio) y el tío, canadiense para más señas, ha logrado cambiar ese utensilio asaz inútil por una casa de dos plantas nuevecita en un pueblecito de su terruño. He de admitir, no me duelen prendas aunque nunca haya sabido qué significa ese tópico,
que la ministra Trujillo, a quien tanto he objetado su política de vivienda, no iba mal orientada. En lo único que no acertó fue en que la clave para conseguir un pisito no estaba en regalar a los jóvenes unas zapatillas sino un clip gigante rojo. MacDonald, cuánto cuesta escribir este apellido recién desayunado, se fijó como reto no parar hasta lograr una casa por la patilla cambiando de forma sucesiva su clip de partida por los más variados objetos. Lo cierto es que el muchacho parece sano pero levantarte un día y plantearte ese reto bien pudiera atribuirse a alguna ingesta excesiva de opiáceos. El caso es que echo mano de Internet, colgó su propuesta y a los pocos días el trueque le reportó primero un bolígrafo en forma de pez, luego un pomo de cerámica de una puerta (ya tenía algo de la casa) y así sucesivamente hasta que la idea cuajó y un avispado alcalde, y éste, raramente, no era de Marbella, se puso en contacto con él para regalarle una casa y así dar publicidad a su pequeño municipio de mil habitantes, cosa que ha conseguido. Y no hablo de soluciones habitacionales de treinta metros cuadrados; qué va, pedazo de casa, eso sí en un pueblo canadiense que, por el aspecto, lo más marchoso que deben conocer debe ser los informativos locales. Claro que para lo que le ha costado al MacDonald cómo para ponerle pegas. Además, el consistorio le da doscientos dólares para que se vaya de farra a celebrarlo, hombre no van a ser los Sanfermines pero para un botellón sí que le llega, y, por si fuera poco, se compromete a erigir un monumento de un clip gigante en honor al detonante de esta concatenación de disparates. En honor a la verdad, a la que nunca falto salvo que mienta, en España no habremos sido pioneros pero de casas gratis también tenemos lo nuestro. Sin ir más lejos (acabo de llegar de Canadá y estoy con el 'jet lag') el alcalde de Orihuela vivía 'por la face' en pedazo de chalet propiedad de un promotor inmobiliario y no le hizo falta cambiarse de nada que fuese su ropa interior o sea que tan tontos tan tontos no seremos.
12 de julio de 2006
Cambio calcetín sudado por chalet con vistas al mar
Publicado por
cambalache
en
7/12/2006
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1 comentario:
Por el calcetín deberian darte al menos una mansión, pues es un objeto aromatizado.
Lo mismo a Cristian Dior le interesa la cosa.
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