18 de diciembre de 2005

Ruibal el grande


Después de esta prolongada ausencia debido a mi abandono a la gula y a las consecuentes necesidades digestivas derivadas de las interminables copas de Navidad he vuelto. No sabía con qué hasta que caí en que Javier Ruibal acaba de sacar nuevo disco ('Lo que me dice tu boca') y me dije que ya tenía ocasión inmejorable para explayarme. Para eludir desde el primer momento la incertidumbre vaya por delante que este tipo es grande como artista y enorme como persona. Lo cierto es que Ruibal no saca discos sino que te regala emociones. Los 'ruibalistas' nos hemos convertido en una secta que anidamos normalmente en Galileo cuando se deja caer por allá. Tengo a gala haber convertido a la causa a numerosas gentes y todas ellas me lo han agradecido. Mi escasa capacidad de impresión ante el ser humano se diluye ante un tipo que no sólo es genial en lo que hace sino que, acaso sea lo más importante, le da la misma importancia que si arreglara una estantería. Ruibal es autor de canciones sublimes y, entre ellas, de una canción que, para mí, es acaso una de las más grandes escritas en castellano (se llama 'Guárdame' y se incluye en su cedé 'Las damas primero') y, sin embargo, va por la vida dejando sus huellas en el suelo y no levitando. En un mundo en el que cualquier tuercebotas pasa por genio, en que cualquier actorzuelo que aparece en un vídeo de boda se siente incomprendido porque no le dan un Goya, en un mundo de estúpidas vanidades tener a Javier Ruibal es como encontrar un diamante en un inmenso patatal.

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