11 de octubre de 2007

EL SABER OCUPA UN LUGAR DE LA HOSTIA

Confieso que aquel día desconfié de mi sobrino. Una mañana le vi con la mochila a la espalda camino del colegio y dudaba de si iba a clase, venía de robar de una obra o acababa de secuestrar a los siete enanitos. Por el volumen del macuto bien podría haber sustraído un saco de cemento de cincuenta kilos y media docena de ladrillos. Cuando al chavalote le diga el profe aquello de que el saber no ocupa lugar, fácil que le expulsen del aula después del corte de mangas. Sería comprensible. Yo, si me apuran, hasta le metía un truco al señor docente por vacilón. No es que haya fracaso escolar. Es que hay poca preparación física. Coño, que para llevar los libros y los apuntes hay que tener las mismas cachas que Van Damme. De seguir así los planes de estudio no descarto que mi cuñado y mi santa hermana tengan que cambiar el coche por una furgoneta de mudanza para acercar los libros al niño hasta la escuela. En el caso de familia numerosa ya te ves obligado a fletar un carguero por el Manzanares. Si creen que exagero sepan que en Italia ya han tomado medidas para que las carteras de los chavales tengan un peso máximo. Como las modelos de Cibeles pero al revés. Eso sí, los párvulos pueden estar gordos como toneles. Mismamente 'jartos' de fetuchini. Ahora les han puesto ruedas a las mochilas pero, con todo y con eso, con ese tonelaje te hace falta el carnet especial de transportista y con apenas once años no sé si se lo van a dar. Imaginen que vuelca en la acera ese arsenal de saberes y tienen que cortar la calle por catástrofe nacional. Menudo follón. Nosotros tuvimos más suerte. En nuestra infancia tirábamos de El Parvulito. Un solo libro que era todo un compendio de saberes. España era una (qué tiempos Mariano), Franco era cojonudo, pi eran tres catorce dieciséis y el Madrid campeón de Europa ¿Pa' qué más? ¿Y lo listos que hemos salido? Bueno, yo soy la excepción pero miren Paco el Pocero. Analfabeto y con una yate con el que podrías transportar todos los libros de texto de la Primaria, la ESO y la de más allá. Yo, que fui pionero en las técnicas de vagancia más sofisticadas, hallé ya de adolescente un truco infalible para descargarme de peso y poder fumarme un truja a gusto en el recreo. Por las tardes siempre tenía gimnasia y otra asignatura de corte intelectual. Tiraba de chandal y en el bolsillo del mismo guardaba perfectamente plegada la página del libro que tocaba ese día y que previamente había arrancado en casa a hurtadillas. A mi madre no le hacía mucha gracia y menos a quien heredó el manual. Todavía le queda el latín de segundo. A ver, faltaba todo Cicerón. Sólo espero que mi pobre sobrino no se matriculé en la Universidad a distancia. Sólo le faltaba tener que arrastrar veinte kilómetros la puta mochila. Mejor hacer de rodillas el Camino de Santiago. Además luego ni te examinan o siempre puedes copiarte de un peregrino.

4 comentarios:

Paseando por tu nube dijo...

Esto.. buenas.. se puede??
Vengo rebotada (que no enfadada) de otro blog y, me he encontrado justo con lo que en estos momentos necesitaba, algo real pero con chispa, divertido, aunque escribas sobre temas de lo mas serio y preocupantes, es tan importante darles ese toque de ironía, por lo menos es una forma de poder tragar muchas de las cosas con las que pretenden que vivamos sin atragantarnos.
Mi pobre nieta solo tiene 6 años y ya te puedes imaginar como lleva su carrito, que mas que libros parece que viene del mercado de comprar las patatas y las acelgas. En estos dias estoy ocupandome de ella y tengo que despertarla a las 7 de la mañana y sabes lo que me dijo una mañana, que era injusto que una niña tan pequeña tuviera que salir de noche para ir al colegio, pobre, cuando sale de casa mas parece que va al mercamadrid que al colegio.
Gracias me ha encantado tu blog y con tu permiso (me lo diste para entrar, recuerdas?) te enlazo y volveré. Prometo no extenderme tanto la próxima vez.
Un saludo

Cambalache dijo...

Es un placer. Sé de tí porque eres asidua del blog de mi maestro y entrañable amigo Rodolfo. Muchas gracias. Por cierto, no sé si el artículo tiene chispa pero tu comentario te aseguro que sí. Tengo hoy en casa a mi santa madre que, como tú y tantas otras heroicas abuelas estáis siempre ahí, y nos hemos reído mucho. Pobre mía; lo de levantarse de noche también me marcó mucho a mí. Besos y encantado

txilibrin dijo...

ajajjaa, la verdad es que tenéis razón. Lo de las mochilas es de delito, encima, no sé si os habréis percatado, pero como cada vez hay más historia, los libros son un poquito más gordos, y así con todas las asignaturas.
Lo que no acabo de ver son los carritos de los libros, yo veo a los niños agachados por la calle tirando de ellos, y digo yo, ¿no acabarán con 18 años y con la espalda desviada? Si es peor el remedio que la enfermedad...

Gracias otra vez Germán :D

Cambalache dijo...

No habñia caído en esa teoría sobre el paso de los años y la repercusión en el volumen de los libros de los niños. De todos modos para aligerar peso y evitarles pesadillas les pueden arrancar las hojas del franquismo. Fue un asco. Les bastaría con saber eso. Un beso, fiel lectora