Soy de las pocas personas que, acaso, trabajen más en vacaciones que durante su jornada laboral. Aún así, me sacrifico y me he venido unos días a mi paraíso almeriense. No doy detalles del clima y de las playas por no herir sensibilidades. Como entro al galope en edad de folclórica, yo también me debo a mi público y aquí me hallo en un ciber escudriñando la actualidad para llevarme algo a la tecla y que ustedes puedan disfrutar de mi inigualable pluma (lejos todavía, eso sí, del gran Boris aunque a mi me aburra). Nada reseñable. Rajoy critica a Zapatero, un mandamás del Islam insulta al Papa, Bush declara el estado de sitio mundial. Lo normal. Bueno, no. Scarlett Johansson declara que está muy contenta con sus curvas. Pues no sé por qué la verdad. Qué simpática. Qué insultante. Que jodía. Y yo estaría muy contento de recorrerlas sin GPS ni ná. No te digo. En fin, que todos dicen que es necesario el relajo y el descanso, pero de eso nada. Sin ir más lejos ayer vi estupefacto un pasaje de Gran Hermano y, a pesar de su fugacidad, lo que tardé en encontrar el manubrio a distancia, me ha marcado. Les cuento. Mientras los grandes diarios entran en una guerra abierta por una mochila en la 'Casa' han desaparecido un tanga y un sujetador negro y los servicios de inteligencia ni se han enterado. Lo gritaba ayer la dueña de la útima prenda como si en vez de un objeto de lencería la hubiesen robado en el chalet y con un tono beligerante que evidenciaba que el sujetador en busca y captura no lo había perdido en una refriega erótico-festiva. Amenazaba con armar tremendo pollo si en diez minutos, ese era el plazo, ni uno más ni uno menos, no aparecía. Si cambié de canal no fue por falta de interés sobre la resolución del enigma sino por el miedo que me infundía la muchacha. Si les digo la verdad, uno, que no es sospechoso de prejuicios sobre asuntos catódicos, allá cada cual, detesta estos seriales no por abyectos o aberrantes o tantas cosas que se dicen cuando algunos se ponen estupendos. Simplemente me parece un coñazo ver a unos tipos discutir por quién hace la comida o tirarse unas flatulencias dedicadas a millones de espectadores. No le cojo yo el tranquillo. Lo cierto, y hay que ensalzarlo como merece, es que la casa se ha convertido en la más eficaz agencia de colocación, muy por encima de las oficinas del Inem, y que a Caldera y Zapatero les va a maquillar las estadísticas del paro. Es salir y ya tienes plaza de tertuliano. Y no sólo tú. Te puedes llevar a tu madre para que se avergüece, a tu novia o novio para que vea en directo como le crecen unos cuernos tipo abuelo de Bambi o a un primo-a lejano que se encargó de regar la florecilla de la virginidad por vez primera. Un chollete, vamos.
De cuando Barea fue censor en el Edificio Telefónica
Hace 2 semanas.





1 comentario:
Tu no coges el tranquillo al gh, porque no eres filósofo como Gustavo Bueno.Si él dice que es un gran experimento sociológico (cobrando, claro)por algo será.El sí que sabe.
Esto me recuerda a uno de mi pueblo que le preguntaron qué tal había estado la película que había visto , y respondió que debería estar bien, pues se reía el médico.
¿es verdad que es un inmenso coral la hermosa bahía?
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