Bien, bien ¿ya se ha explayado con la coplilla? Sí, ya sabe, uno de mero, dos de febrero, tres de marzo y así hasta el siete. Pues nada, después del desfogue sanferminero no quiero pecar de alarmista pero la cosa es seria. Una inspección a numerosos restaurantes de menú del día arroja un balance estremecedor. En la mayoría de ellos, el mero es sustituido por perca del Nilo. Perca no sé lo que es y Nilo sí; fue marido de Isabel Gemio y por sus méritos le dieron su nombre a un río. Imagino que, al tratarse de peces, se referirán a éste último. No se puede fiar uno de nadie. Yo soy poco de pescado, me gusta el mariscote eso sí, pero me lo temía y ahora a ver quién se atreve a pedirlo como segundo después de esta catástrofe. Vamos que optas por merluza a la romana y con el envoltorio del rebozado te colocan una carpa del Retiro. Bueno digo carpa porque no tengo palabras para definir a esos monstruos que están cebando los guiris de tanto echarlas migas de pan. Claro como los tíos no gastan, se compran una pistola, cuarto de chopped, comen siete y el corrusco se lo echan a esas alimañas acuáticas para tirarse el rollo ecologista. Algún día vamos a tener un disgusto, va a saltar una y se va a papear a uno de ellos y luego vendrán los conflictos diplomáticos. De todos modos tanto presumir de alta cocina y de los mejores chef y luego no estamos a lo que tenemos que estar. Mucho nitrógeno líquido, mucho soufflé caramelizado al vapor de las siete hojas y mucha leche, pero a los currelas les dan gato por liebre. Ya habrá que pensar en cambiar este tópico porque a tanto no creo que lleguen. Fíjese usted si está dando cuenta de un conejo al ajillo y en realidad se está merendando a Silvestre. Digamos que te dan perca por mero. No suena mal, puede valer. La inspección ha sido exhaustiva. Es decir, no se crean que sientan a un funcionario tripero y de paladar fiable, le ponen sobre la mesa siete tajadas y tiene que acertar como en El Precio Justo cual es cual. Qué va. Lo hacen con un cacharrillo para analizar el ADN que debe ser algo muy importante porque lo soluciona casi todo. Como será que el Ayuntamiento de Madrid barajó en su día analizar el ADN de las cacas de los perros, vamos de las mismas cagadas, para saber la procedencia del excremento y multar al dueño del can por dejar el pino en un parque público. No es broma, aunque cualquiera lo diría. Luego el alcalde desechó la idea por costosa y, aunque el no lo dijo, por cochina y por el recochineo que pudiera generar. Qué grandes ideas.
19 de agosto de 2006
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1 comentario:
El gato por liebre está a la orden del día en todos los terrenos.En lo que toca al pescado, ya hace años que cuando compramos lenguado, nos dan fletán.La verdad es que está bueno.
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