4 de agosto de 2006

Un doberman contra el rock

Barney, entiendo que no te guste Elvis. A mí sin ir más lejos como que tampoco me ha emocionado nunca la verdad. Comprendo que, en los tiempos que te ha tocado vivir, seas más del rollito techno, progressive o incluso que alguna noche hayas podido dormir al arrullo de alguna balada del Busta que son mano de santo contra el insomnio. Pero no deberías haber pagado esa inquina y resentimiento con el pobre Mabel, viejo e indefenso. Quizás deba ya esclarecer que el suceso que refiero ocurrió al arremeter Barney, un pedazo de doberman contratado para velar en Londres por una exposición de peluches, contra Mabel, el osito con el que dormía de niño (o de no tan niño vaya usted a saber) el considerado Rey por antonomasia del Rock & Roll. El perraco, quizás también dolido por unas condiciones laborales en las que el pone el celo y el curro y las libras se las llevan otros, aprovechó su primera ronda para, visto y no visto, lanzarse contra el tierno osito, arrancarle la cabeza y cebarse con él durante veinte minutos sin que la reprimenda de los vigilantes le despistara de sus destrozos. Es superfluo calificar el estado en el que quedó el pobre Mabel, nacido en 1909 a pesar de guardar todavía, hasta ayer claro, ese aspecto infantil y, por tanto, con pocas ganas de jaleo. Barney, me reconocerás que has estado un poco cobardón porque el muñeco estaba indefenso y a tí, sin embargo, te han preparado en la Academia como un arma mortífera. Podrán alegar tus abogados que fue enajenación mental transitoria, que eso a los políticos les da a veces buen resultado, pero te va a caer un buen paquete. Da por hecho que, mínimo mínimo, dado tu agresivo talante (te voy a mandar un vídeo de Zapatero para que te entretengas en el trullo) te obliguen a ver un centenar de veces 'La dama y el vagabundo' o la biografía de 'Lassie' y eso tú lo soportarás malamente porque tú eres más del Van Dammme perruno o del perro de Baskerville. Además te emplumarán el agravante sentimental-afectivo que tenía el osito sin olvidar que el coleccionista ricachón que lo prestó para la exposición había pagado 58.000 euros por Mabel. Igual al que tenías que haberle dado un mordisquillo, de aviso, sin violencia, es a este tipo por pagar esa suma por el osito que más que una oferta parece un insulto. En fin, la que sí que ha estado brillante ha sido la compañía de seguros que fue quien propuso la contratación de dobermans para que vigilarán la exposición. Han estado muy sueltos, sí señor, sólo les falta que contraten al Dioni para que les eche un vistazo a un furgón blindado.

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