13 de agosto de 2006

Teoría sociopodológica

Uno empieza su declive cuando ha de buscar un lugar cómodo para cortarse las uñas de los pies. He tardado en lanzar esta innovadora teoría porque soy hombre de rigor y no me gusta andar lanzando al mundo infundios sin antes comprobar mis asertos. Voy a sincerarme. Ayer, tras varios indicios, fue el día definitivo. Hube de ahormar mi trasero a un pequeño peldaño para proceder a la poda. Además de reafirmar mi 'Teoría sociopodológica sobre el devenir y la decadencia de la persona humana' también me sirvió para valorar en lo mucho que vale al literato que acuñó esa atemporal y certera comparación que relaciona de manera directa la fealdad con la extremidad aludida. Me refiero a 'eres más feo que un pie' que atesora una verdad como un templo; al menos en mi caso y mira que hay dónde elegir. A esta circunstancia doméstica, que bien podría tomarse por coyuntural, se unen otras que dan fe del carácter estructural del asunto. Por ejemplo, el aluvión de anuncios que entran por la maldita red ofreciéndome contenedores de Viagra. Si alguna de estas empresas lee esto, por favor, adjunten teléfono de alguna señorita (en mi caso) que colabore con ustedes con objeto de ratificar los efectos milagrosos del producto. De manera contraria y habida cuenta de mi situación de paro biológico, aunque me den garantía de ello sería inútil. Corto y cambio. No es que me queje, cuidado, que un latin lover como yo siempre guarda algo de sus poderes de seducción aunque estén llenos de telarañas. Es por pereza, ya me entienden ¿Quedamos el viernes? Vale, te llamo ¿Vamos al cine? ¿Versión original? Uf, es que canso de leer ¿Cenamos? ¿te gusta la carne, la del restaurante, vaya? Es que soy vegetariana. Empezamos bien. Como a buen seguro desconocían esta faceta mía ensayístico-festiva y me veo crecido aportaré un dato más. Se trata del 'usteo'. Puede que este neologismo que me he tomado la licencia de crear así, sin darme importancia, no tenga ninguna significación inmediata pero ya verán cómo saben de qué hablo. Viene a ser cuando un joven plagado de acné se dirige a tí como si fueras su tutor y, por exemple, te suelta ¿tiene usted hora? ¿Cómo qué usté, colegui? ¿Es qué no ves que en vez de peluco llevo unas pulseritas guay, tronco? Venga chavalín, saca las pastis que me las voy a comer como gominolas. Cómo jode, señor. Tanto 'gym', tanta crema antiarrugas (por cierto, da la cara Adolfo Domínguez si tienes atributos, di aquello de 'la arruga es bella' que tanto me gustaba hace años y que ahora me parece un provocación), tanta talla juvenil en los vaqueros para que venga un mocoso y te hunda. No es que sea complejo de Peter Pan ni leches, ni inmadurez que me decía mi psiquiatra (no lo comparto con Woody Allen, pero oye, uno también tiene sus lujillos) es que uno lleva mal lo de los años. Ya nadie me pregunta si voy a celebrar mi cumple. No se atreven, je, je. Menos mal que siempre estan los filósofos/as que tanto consuelan ante la crueldad inevitable del tiempo. Cada edad tiene su momento y hay que aprovecharlo. Claro, claro. Lo malo es la edad del momento lumbalgia, artrosis, achaques varios, comer casi con pajita un chuletón triturado y tantas y tantas ventajas de algunas edades ya avanzadas. Lo bueno es que vas ganando sabiduría y sabes perfectamente que cada vez te queda menos. En fin, basta de pesimismo ¡Qué nos quiten lo bailao! A mí es que no me gusta ni bailar. Qué desastre de persona humana.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es verdad que jode el "ustedeo", pero yo recuerdo haber pronunciado la frase: "una muy mayor, que tiene por lo menos veinte años".Ya que nos toca sufrir los achaques propios de nuestra edad, hay que ver la botella medio llena, y aferrarnos a la experiencia y el que nos quiten lo bailao.Mas que nada es por intentar prevenir la depre.