14 de agosto de 2006

Hacer del defecto virtud

La polémica manifestación convocada por no se sabe quién discurrió ayer en San Sebastián con total normalidad (algún tarado quemó luego un par de cajeros para hacerse el machote con la cara tapada), sin signos de Batasuna ni consignas a favor de esta coalición ni de ETA. Haber prohibido este acto hubiera significado, nada más, dejar en sus casas a los muchos miles de ciudadanos que acudieron a ella. Nada más, repito. No se podría haber evitado que pensaran como piensan aunque uno no coincida en una milésima parte con ello. Si alguien considera que no hemos ganado nada desde ayer o se engaña o miente de manera alevosa y premeditada. Que no se haya oído el repugnante 'Gora ETA' ni se haya procedido a esa liturgia de quemas de banderas y puños en alto de los muchachotes revolucionarios Calvin Klein tiene su importancia. Me he desayunado con unas declaraciones del inefable Mariano que acusa al Gobierno de tratar de hacer de Batasuna una organización normal. Fíjese don Mariano, con la venia, que yo creo que de eso precisamente se trata. De hacer virtud del defecto y de integrar a los batasunos en el discurrir habitual de la democracia, alejados de la violencia y defendiendo sus posturas aunque nos parezcan pestilentes. Eso sí, siempre con la condena expresa a la barbarie de los asesinos como condición previa. No sé por qué siempre, después de un acto como el de ayer, multitudinario y aunque no nos guste no hay que ocultarlo, pienso que a alguien le hubiera gustado que se hubieran salido del guión fijado para que no fuese prohibida, que hubiera habido algún disturbio por pequeño que fuese para sacar la cabeza. Ya lo decía yo. Pues miren ustedes. Yo creo que esto va en serio. Que estamos en el mejor momento para acabar con tantos años de dramas y de asesinatos nauseabundos y que si la buena nueva ha de venir del brazo de este gobierno habrá que reconocerle, al menos, que se la ha jugado. Si le sale bien ganaremos todos y si les sale mal también perderemos nosotros. No se froten tanto las manos. No me obliguen a pensar lo que no quisiera.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A la OPUSición la pone de los nervios que las cosas se hagan bien.Para ellos cuanto peor, mejor. Son insaciables y miserables.