Está mal que yo lo diga pero abuela ya no tengo y a mi madre, que me idolatra, la he emplumado a mi sultán y anda la pobre liada. Por eso ha de salir de mí clamar al mundo que soy un visionario y un adelantado a mi tiempo. Sin que mediara la enfermedad de Castro, que ha alborotado el gallinero internacional, ya escribía hace unos días que jamás defenderé a gobiernos que encarcelan a las personas por su ideario o por utilizar la palabra, el arma más noble, para defender su libertad. Ni a gobiernos que ejecutan a sus ciudadanos ya sea ante el fondo de una tapia o con la sofisticación de una inyección letal o una silla eléctrica. Quizás por ello me sienta más arropado al observar y opinar sobre estas alegrías preventivas que vienen desde Miami. Los supervivientes del exilio, sus hijos, sus nietos y hasta sus bisnietos, tal es la longevidad del régimen, han salido a la calle como si Cuba hubiese ganado el Mundial de béisbol. La muerte revolotea sobre el lecho del tirano y estos demócratas de toda la vida salen a celebrarlo. Hay que recordar que la génesis de este éxodo no fue que a esta gente le quitarán la libertad o la democracia, que no la había, sino que les confiscaron las mansiones, el servicio doméstico y las prebendas de las que gozaban. Ya ha llovido mucho pero no estaría demás recordar que antes de que llegara Fidel había otra dictadura, la de Fulgencio Batista y que aquellos que salieron de estampida con la llegada de los barbudos, respaldados por la inmensa mayoría del pueblo, no lo olvidemos, son los mismos que agachaban la raspa ante este tirano porque con él vivían de lujo. Qué decir del poderoso vecino del norte que valora las dictaduras en función de los tejemanejes que les permiten. La de Fulgencio Batista era fetén porque les permitía a los ricachones de Tejas o Minnesota solazarse en la isla del Caribe, fumarse unos cohibas como bates de beisbol y babear ante los culitos de los autóctonos, la de Pinochet, acaso una de las más repugnantes si hay gradaciones en estas calamidades, no sólo fue consentida sino auspiciada contra un molesto y legítimo gobierno liderado por el recordado Salvador Allende. En el caso cubano, por tanto, no estamos hablando en su mayoría de unos ciudadanos concienciados políticamente sino resentidos hasta la saciedad. Los hijos y nietos, que algunos he conocido, han mamado un único argumento: Fidel Castro es el ogro y el resto de la historia no importa. Ya se cuidó EEUU de tratarles a todo lujo para que el mundo viera un escaparate artificial en el que se contemplaba cómo se trataba en ese gran país a los héroes de la isla ¿Por qué no enseñan cómo se trata a los espaldas mojadas mejicanos? ¿Por fin electrificaron la verja para que se achicharraran un poquito tal y como proponía un mastuerzo del partido republicano? No, eso no. Era mejor enseñar las mansiones de Miami de los cubanos ricos para demostrar a los cubanitos pobres lo que se perdían por no tener la libertad de elegir entre cuarenta y cinco marcas distintas de ketchup. Ya lo dijo Víctor Hugo (qué nivel) "las revoluciones tienen días de llamas y años de humo". La revolución cubana hace mucho que no se reconoce a sí misma entre tantas brumas, entre tanta burocracia, entre tanta intransigencia. Siempre quedará la duda de saber qué hubiera pasado si nadie la hubiese agarrado del cuello desde su comienzo mediante el salvaje bloqueo al que ha sido sometida pero las hipótesis históricas son una estupidez. La realidad es que las incertidumbres las habrá de solventar el propio pueblo cubano aunque resulta difícil pensar que las narices del vecino del norte no entren al olor de la carroña. Si lo hace a miles de kilómetros ¿cómo se van a resistir a hacerlo a la puerta de casa?
2 de agosto de 2006
Alegrías preventivas
Publicado por
cambalache
en
8/02/2006
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2 comentarios:
En Miami, hay un grupo de seguidores de los Mas Canosa, que son gentuza sin más.Esos son los desposeídos de tierras y mansiones.Pero la mayoría de los cubanos que allí viven, son currelas y personas normales , que no estando de acuerdo con la trayectoria de la revolución, sí que desean un gobierno democrático para la isla y conservar algunos de los logros de la revolución.Espero y deseo que no dejen desembarcar a los más intransigentes y reine el sentido común .Conozco algo el tema , y se que la mayoría de los cubanos de dentro y de fuera eso es lo que desean.Vivir en libertad , que se les pague un sueldo digno por su trabajo, y vivir la vida, que eso lo saben hacer hasta sin libertad ni dinero.
A ver si es verdad. A ver si, entre todos, les dejan de una puñetera vez decidir algo sobre sus vidas.
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