30 de julio de 2006

Ya no nos queda ni París


Cómo ha cambiado el cuento Bogart. Ya no nos queda ni París. Yo que tenía a esta ciudad como paraíso de la tolerancia y hasta del libertinaje y se nos vienen abajo los mitos en menos que canta un gallo. Ya saben que desde hace unos años a la orilla del Sena se monta una playita artificial para que los vecinos y turistas puedan tostarse entre visita al Louvre y a Nôtre Dame. Pues bien, esta temporada se prohibirá el uso del tanga y, por supuesto, de la pelotilla picada como opción para absorber los rayos solares en la epidermis de cada cual. Todo se hace, según explica el edicto, en aras de las buenas costumbres y de la elusión del escándalo público. Nunca he entendido muy bien estas cruzadas por ocultar al resto lo que cada cuál, en mayor o menor proporción, nos podemos mirar a diario. Si al fin y al cabo no deja de ser un matojillo capilar, si no ha mediado depilación, y, según el caso, porción de carne o hendidura. Y se acabó. Menudo escándalo. No digo yo que haya que ir en pelotas a todos los sitios, ni mucho menos, ya que, por ejemplo, en nuestro caso sería muy trabajoso tener que estar todo el día en posición de firmes para poder colgar el llavero, pero de eso a que estemos con estos melindres va un abismo. No seamos pacatos. Hace unos años en la playa santanderina de El Sardinero un hombre recto e íntegro se acercó a una amiga a recriminarle que estuviera bronceándose sin la parte de arriba del bikini porque estaba, literalmente le argumentó, en una playa cristiana. La respuesta me satisfizo enormemente pues daba cuenta de los cambios que había experimentado este país y lo mucho que también había cambiado el papel de las mujeres. Imagino que el hombre o se hizo musulmán o no volvió a pisar la arena del Sardinero. Estamos hartos de ver cuerpos mutilados y calcinados por la barbarie pero cuando hay algo bueno nos tapan los ojos. Si tanto les preocupa incluso acepto la supresión del desnudo integral pero el tanga, señor mío, por ahí sí que no paso ¿Cómo se puede proscribir esa menuda pieza textil que tantos sueños nos provoca salvo que lo lleve Lauren Postigo? ¿Se imaginan un Brasil sin tanga? No seré yo quien me inmiscuya en la política doméstica de otras ciudades que luego vienen los conflictos diplomáticos pero se equivocan amigos. El tanga, con el tiempo, acabará colgado junto a la Monna Lisa en el Louvre, tiempo al tiempo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pero nos queda Brasil !!!. Mmm..lo que pasa es que queda un poco lejos. Me voy a dar una vueltecita por Portugal a ver si se sigue mereciendo el segundo puesto en el famoso dicho...

Saludos tórridos.

cambalache dijo...

Estupenda tierra también. Que lo pases bien

Anónimo dijo...

Decía una canción :Menos mal que nos queda Portugal.
Espero que lo de París sea pasajero, pues los franceses sabrán dar la vuelta a la tortilla y mandar al paro a estos políticos tan meapilas .