21 de julio de 2006

Un ejemplo y mil vergüenzas

Hace una semana un pequeño barco pesquero español, el 'Francisco y Catalina', rescataba a 51 naúfragos cerca de las costas de Malta. La obligación de auxilio en estos casos no menoscaba el ejemplo de solidaridad de estos pescadores como la tardanza en solucionar esta situación por parte de los gobiernos no esconde sus alicuotas vergüenzas. No lo acaban de admitir por aquello del eufemismo y el que dirán, pero a los países ricos les molestan los miserables, los piojosos, todos aquellos que no tienen dónde caerse muertos salvo que vivan en Líbano o Irak que allí hay terreno más que sobrado para regarlo de cadáveres inocentes. Esto es una mierda, no lo digo yo, que también, lo dijo el tío Bush. Es una mierda Toñín (Blair), la sangre mancha mis caros trajes y luego es muy difícil que salga y los tengo que llevar a al tintorería y además me tengo que ir a pescar salmones a mi rancho que me está esperando mi 'Barbie'. Por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a echar mano de una teoría ajena que Enzensberger recogía en su ensayo titulado 'Perspectivas de guerra civil'. En él hablaba de un amplio núcleo de ciudadanos que quedan totalmente fuera del sistema porque a los poderosos ya ni siquiera les compensa explotarlos laboral ni económicamente. Durante siete días los pescadores españoles han estado compartiendo su escaso espacio y sus contados víveres con cincuenta personas a las que no conocían de nada. Mientras en ese pequeño barco, convertido en un espejo deslumbrante de la mezquindad de los gobernantes, se ejercía la solidaridad en estado puro, unos gobiernos miraban sesudos tratados de derecho marítimo para ver si les caía o no el marrón, otros miraban el horizonte y otros como que oían llover. A mí no me tocan estos desharrapados, que se los quede el otro que tiene más sitio; ah yo no que ya tengo muchos, te cambio diez de los del barco por cuarenta que tengo mendigando por las calles y además de regalo una caja de polvorones La Estepeña. No sé, no sé, espera que voy a evacuar consultas. Y entre el ir y venir, las milongas diplomáticas y la indiferencia, las gentes de bien pasándolas putas. Para eso están los gobiernos, para hacerte la vida fácil. Ahora ya se anuncia la condecoración de los pescadores, totalmente merecida, y un recibimiento como el que se han ganado con su ejercicio de generosidad ¿Qué medalla les ponemos a los diplomáticos? ¿Se les ocurre algún mérito que no sea sinónimo de algún insulto?

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿A estos burócratas no se les cae la cara de vergüenza al nombrar la palabra "humano"?