3 de julio de 2006

¿Cuántas más hacen falta?

Hoy ha sido en Vizcaya. Mañana puede que sea en Madrid o en Andalucía o en Catalunya. No sé si la selección unió o no a España, ahora que está tan de moda hablar tanto de las patrias y tan poco de las personas, pero que nadie dude que, si no es así, ya se encarga la barbarie y la crueldad de obrar este milagro. En lo que va de año más de veinte mujeres han muerto a manos de sus 'compañeros', amantes despechados, maridos o ex maridos. El libro cuya portada ven a su derecha comenzaba con una serie de interrogantes que apelaban a la imaginación del lector ¿Se imaginan que en un año murieran de manera violenta setenta futbolistas? Quizás la pregunta te sacude por inesperada. Por desgracia, en el caso de las mujeres la respuesta es más que previsible. No es necesario imaginar, basta con contar con unas nociones básicas de matemáticas, saber sumar y multiplicar, raramente restar o dividir, para darse cuenta de que cada año se cierra con un balance estremecedor. Hace sólo unos días Amnistia Internacional valoraba de manera deficiente la Ley contra la Violencia de Género que el gobierno Zapatero aprobó nada más llegar al poder. Ni soy un experto ni me siento capaz por ello de entrar en el fondo de la cuestión, en qué falla y cuáles son las causas de esta atrocidad. Sólo soy un ciudadano que espera, por ejemplo, la presencia en algún entierro de estas mujeres de algún ministro o del propio presidente. No es pedir mucho, a veces sólo cambiar el palco de un estadio de fútbol por un lugar sin duda menos lúdico e infinitamente más doloroso aunque a menudo lloremos más por un gol en contra que por estos asesinatos sistemáticos y repugnantes. ETA lleva tres años sin matar y ojalá que sean muchos más; que sea para siempre. Las mujeres ni siquiera han gozado de esa tregua. Es otro terrorismo, acaso menos grandilocuente, acaso menos rentable para algunos; eso sí letal como el que más e incesante como ninguno. Si en lo que va de año más de veinte mujeres han sido asesinadas es que ni la ley, la de ahora o las de antes, funciona ni la justicia tampoco. No hay paños calientes cuando hablamos del derecho fundamental de la persona, el de su propia vida y el de su propia libertad. Hace poco más de una semana, una mujer ucraniana moría desangrada a causa de las diecisiete puñaladas que le propinó un enérgumeno a plena luz del día. Ese mismo tipo había matado años atrás a otra de sus compañeras. En esta ocasión puso aún mayor empeño en su hazaña; las puñaladas fueron treinta y siete. Y siete fueron los años que pasó en la cárcel y más de siete y de siete mil las veces que piensas en cómo es posible que pasen estas cosas. Hay que defender el Estado de Derecho pero a veces parece que nos llenamos la boca con el estado y nos olvidamos de preservar los derechos más elementales. Muchas veces piensas cómo es posible que haya jueces que confundan una prenda de vestir como una minifalda con una provocación y este hecho pase del escándalo a la anécdota en cuestión de horas cuando no se torne en motivo de chanza en alguna tertulia sin esperar al día siguiente. Maldita la gracia ¿Algo habrá hecho, señor juez? Si la pega por algo será, ah, claro, debe ser eso, por supuesto. No sé cómo no he caído antes. Qué comentario tan reconfortante. Órdenes de alejamiento incumplidas, antecedentes violentos que no dan nada que pensar a nadie hasta que la bestia herida en su orgullo de macho vuelve a devorar a su hembra. O conmigo o con nadie y luego las lamentaciones frente a un cadavér en vez de la prevención ante el asesino ¿Hasta cuándo? Cuando será el día que pasemos de las campañas, que no critico, a los hechos, que exijo, ¿cuándo nos daremos cuenta que mientras nos llevamos las manos a la cabeza por una víctima ya hay otra que corre peligro? ¿Cuándo llegará ese puto día? (Por cierto, el libro 'Íbamos a ser reinas' está escrito por la periodista Nuria Varela y publicado por Ediciones B y es un testimonio estremecedor y necesario para saber hasta qué punto resulta a veces repugante compartir condición con algunos seres humanos, por decir algo)

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