En no pocas ocasiones (es decir en muchas pero es que me he levantado algo retórico) he elogiado sin fisuras este invento llamado 'internés' que me permite haber repescado viejas amistades, ganarme algunas nuevas, engrosar mi lista de adversarios, pedir la compra sin moverme de casa (eso sí que es grande) o, como es el caso, escribir algunas tontunas para divertimento mío y, al parecer, de algunos lectores a los que reitero mi agradecimiento (va por ti ri_ta). Hace meses ya dediqué unas líneas al aluvión de 'imeiles' que me llegan (no seré el único imagino aunque mi prestancia bien mereciera un trato diferenciado) del más diverso pelaje en el que se me invita a la compra y posterior ingesta de pastillas, a hacerme millonario en un plis plas sin moverme de casa, la verdad es que sugestivo suena, o a hacerme mi propia cabaña, ésta oferta ha sido sin duda una de las más hilarantes. Esta mañana, a la hora de las gallinas como siempre, he abierto el correo con la esperanza de encontrar algún mensaje de alguna joven en edad de merecer (no soy tan grosero para especificar el qué) quien, prendada de mi ingenio y gallardía y harta de niñatos ordinarios y anodinos, buscara un hombre maduro con sanas intenciones porque, a cierta edad, ya no está uno para mucho más, que le enseñara, desde su experiencia, los vericuetos insondables de esta perra vida. Sin embargo vuelven las provocaciones. Alguien, desde algún lugar ignoto, me sugiere que aprenda a ser un maestro en ese apasionante juego del ajedrez. Creo recordar que la última vez que me senté frente a un tablero, mientras esperaba el movimiento de mi contrincante, me dormí, humillé la cabeza y desparramé todas las piezas para comprensible cabreo del tipo. Mi paciencia y el ajedrez son incompatibles y además, pese a que admito que es un arte bien pensado, tengo mis reticencias por su carácter injusto, elitista e inverosímil. Me explico. Los peones, es decir la clase obrera, son los más numerosos pero les ponen en primera fila para que se les zampen los primeros, Ve tú, (o 'ves' tú que dirían algunos intelectuales), ve tú, que a mi me entra la risa. El caballo, como si en vez de comer alfalfa se pusiera ciego de tripis, sólo salta en forma de 'ele', la torre se mueve para delante y para un lado como si la hubieran recalificado el suelo en Marbella, el alfil ¿qué coño es un alfil? y, como siempre, la clase real hace lo que se le pone...Pues eso, que no transijo. Siempre me han gustado mucho más las damas por sus connotaciones y, sobre todo, por ese momento mágico en que saltas sobre dos o tres y te las puedes comer todas a la vez. Qué metáfora tan idílica y apetitosa.
17 de junio de 2006
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2 comentarios:
Oye, un honor ser mencionada en tu blog...! Soy yo quien tiene que darte las gracias, porque soy yo quien aprende y se lo pasa bien.
Por otra parte, qué raro que aún no hayan asaltado tu correo algunas jóvenes "en edad de merecer" en busca de tu ingenio... Y ahora, con esa foto en la que estás tan bien...¡qué más quieren oiga!!
Saluditos.
Pues ya ves; un craso error del que muchas se arrepentirán con el tiempo. Besos
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