11 de junio de 2006

¿Una fiesta democrática?

En la cuarta toma de la manifestación convocada ayer por una parte de las asociaciones de víctimas del terrorismo, seamos rigurosos porque muchas se han desmarcado de ser muñeco de cualquier ventrílocuo, se lanzaron consignas del tipo 'Zapatero con tu abuelo' (fusilado, como el mío por cierto, en la guerra civil) o 'Gallardón al paredón' al tiempo que otras voces enardecidas exaltaban a grito pelado a un tal Federico que me temo que no era Lorca. En fin, el resumen de esta mañana de un portavoz del PP es que fue una fiesta de la democracia. Menos mal. Lástima no haber estado en esta estupenda fiesta en la que se aboga por el asesinato de dirigentes políticos elegidos democráticamente cuando, en teoría, el acto se convocaba para protestar por dialogar con asesinos. Curioso país, sin duda. Nunca olvidaré, y eso que mi memoria tiende a mustiarse con el tiempo, no es lo único, cuando, a raíz de la salvaje ejecución de Miguel Ángel Blanco, 'toda España' según recordaban entonces los dirigentes del PP salió a la calle (no era para menos) y, sin embargo, recuerdo con igual nitidez cuando Javier Arenas, con motivo de las masivas manifestaciones contra la guerra de Irak, las más numerosas de la democracia, felicitaba al millón y medio de madrileños que habían salido a la calle y a los más de dos millones que se habían quedado en su casa. Con este truco que creía ser muy sutil venía a decir que mucho ruido pero no tantas nueces. Mentía pero, por aquel entonces y ahora también, eso era tan inherente a los suyos que se le tomaba a título de inventario. Si tenemos en cuenta esa reflexión, y habida cuenta que las manifestaciones pacifistas de Madrid no precisaron de flotas de autobuses del resto del Estado y que incluso no se reforzó el transporte público para dificultar la llegada de la gente, reunir ayer a doscientas mil personas (200.000 centillones de archimegamillones según los cálculos de Esperanza Aguirre) alrededor de un partido con cerca de diez millones de votos. por el momento, no parece gran cosa. Sin embargo no voy a entrar en guerras aritméticas porque mi grado de estupidez no llega a esos niveles; tiempo habrá de alcanzarlos que de eso y más me siento capaz. Sólo me remito a esperar, a desear que las cosas salgan bien y a recordar que, por el momento y ojalá no se malogre esta estadística, por ahora ésta es la única Legislatura de la democracia en la que no hay ningún muerto de ETA a quien llorar. Este dato no puede escocer a nadie, no me lo podría querer ¿o acaso me equivoco? No, no puede ser verdad ¿A qué no?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues sí que es una fiesta democrática.La democracia son ellos.España es suya.Pueden gritar lo que les salga de los huevos u ovarios.Si lo hacen otros, hay que encerrarlos de por vida o mandarlñes al paredón.
Y quien no crea que su fiesta es democrática, es un miserable.