Soy soltero, no tengo hijos, vivo solo y mantengo una relación estable, como ya saben algunos, con un perro sin componentes zoofílicos por mutuo acuerdo. Si añadiera que me gusta viajar y los deportes de riesgo, además de mentir, parecería un contacto en busca de amistad o quien sabe si roce carnal e incluso (los caminos del Señor son insondables hasta ese extremo) inequívoco magreo. Aunque no es descartable esta opción, todavía no es el caso salvo oferta tentadora e irrechazable que me comprometo a estudiar. Viene esta descripción somera de mi persona y mi estado existencial a la inminente asignación de los meses de vacaciones de verano. Entre divorciados que deben repartirse los hijos como trozos de pan en una merienda campestre, alquileres inalterables del apartamento costero con señal adelantada un año antes y sincronización entre el calendario de asueto de los respectivos churris a uno siempre le repiquetea en estas fechas la misma frase. No es otra que ese ¿a ti que más te da? que, lejos de reconfortarte por la libertad de la que pudieras gozar, se entona con cierto retintín despectivo. Es decir, falta la conclusión al interrogante que nadie se atreve a explícitar pero que todos piensan reconfortados. A ti que más te da un mes u otro si no tienes a nadie con quien ir a ningún sitio y te vas a morir de asco más solo que la una. Bien podría querer obsequiar con una sorpresa a Bruno (mi perro) y llevarle a Disneyland Paris a conocer a Pluto, por ejemplo, pero eso nunca sería razón suficiente. A veces he pensado, en un dechado de altruismo, en renunciar a mi mes y quedarme con los niños de los padres separados o pagar el alquiler de los bungalows de los Gómez y cofinanciar las paellas del chiringuito y los helados de dos bolas italianos ¿A mi qué más me da? Por lo menos que los compañeros sean felices y gocen del centímetro cuadrado de playa per cápita que les corresponde en agosto, que en vez de tumbarse a tostarse en una toalla de Nivea lo hagan en un clinex por aquello de la economía de espacio, que les den langostinos del Cuaternario en la paellita de encargo, que pillen gozosos una salmonelosis con la ensaladilla rusa del bar de carretera, que se les pinche a los niños el flotador en forma de delfín, que les toque al lado una pandilla de pastilleros con el 'progressive' a toda caña, que tengan que llevarse al suegro o a la suegra sentados en una sillita de tijera echando pestes del calor, eso sí sin quitarse los zapatos de rejilla o las medias, pero, sobre todo, que disfruten de esos días que con tanto mimo han preparado. Qué envidia ¿Cómo me va a dar eso igual?
26 de junio de 2006
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1 comentario:
Unas veces "nos" dicen el "a tí ¿qué más te da?" y otras "qué suerte tenéis loa solteros".Cada opción tiene sus pros y sus contras , y digo yo que lo mejor es que cada uno se apañe como le de la gana.
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