21 de junio de 2006

¡La vida o la viagra!

Que las señoras boticarias me perdonen pero igual que ellas precisan transaccionar medicamentos para aliviar nuestra salud y ganarse la vida, uno no puede por menos que aportar su visión sobre un suceso acaecido hoy y que me ha sobrecogido ya que, de tener que privarme de ello, reventaría y hoy no es el mejor día debido a la ingesta de unas judias que todavía me están pasando cruel factura estomacal. Apelo a su comprensión para que me permitan explayarme aunque a ellas el sofocón poca gracia las habrá hecho, la verdad sea dicha. Un individuo de 54 años ha entrado a punta de pistola, simulada, para exigir de las farmaceúticas dos cajas de Viagra. Quizás peque de oportunista pero me venía rumiando las pésimas consecuencias que estas cadenas de TV semiclandestinas que, a partir de las doce de la noche, ofrecen vídeos porno de una ínfima calidad, iban a traer consigo. Sé todo esto porque me lo han contado ya que yo, a esas horas, o releo a Marcuse o a algún clásico o repaso en el deuvedé algún documental de amebas o, ahora con la idea del alcalde de Madrid, reviso con el mando en la mano la peli que nos ha mandado Gallardón a casa sobre lo que será la M-30 que viene a ser como la escenografía de Blade Runner en versión castiza y zarzuelera. Este tipo, el de la Viagra no Gallardón, que también, ya tiene una edad para saber que aquello de la pajilla y la ceguera no era una relación causa efecto y que el onanismo, bien entendido, es una muestra inmejorable de autoestima y de amor propio. No pasa nada si el bombeo no se sincroniza a tiempo; eso dicen ellas casi siempre. Es la primera vez que me pasa dice él (con ella claro). Nos puede el vicio y eso está muy mal pero que muy mal y peor está entrar como un forajido a exigir esos estimulantes como si fueras el Tempranillo. Ya sé que resulta cortante, bueno lo imagino, ir a pedir una Viagra entre susurros, te hagan repetirlo por no entenderlo y, una vez se ha captado el mensaje, la boticaria A grite a la boticaria B, casualmente en la trastienda en esos momentos, ¡Mari Puri, tráeme un para de cajas de Viagra para este señor! con la farmacia llena y las ancianas que venían a pulsarse la tensión con un subidón de gravedad supina. Eso no está bien y ya puedes decir que es para tu vecino que le da vergüenza venir a por ellas que te han colocado el mochuelo al hombro como el loro de Baretta (detective televisivo del paleolítico inferior). Los reojillos por el barrio y los golpes en los codos los tienes asegurados. Pero de eso a entrar con una pistola aunque sea de agua va un abismo. El arrepentimiento casi instantáneo obrará a su favor ya que, a los pocos minutos, el 'asaltador de la Viagra' ha vuelto a la farmacia con dos ramos de flores para las señoritas boticarias con la excusa de que se trataba de un reportaje para una revista inexistente (es cierto, ésto no es de mi cosecha, mi magín no da para tanto). Lo que sí imagino es que la pareja de este elemento calenturiento tiene que estar que fuma en pipa. Primero limándose las uñas o haciendo un Sudoku mientras va y viene de asaltar la farmacia, con el riesgo de atemperar el furor, y luego encima que no cumples ni traes la mercancia ni siquiera unas tiritas o un protector solar para las vacaciones en Gandia, el romántico detalle de las flores se lo llevan terceras personasy tú a verlas venir ¡Joder! (de eso se trataba)

No hay comentarios: