
Este que ven a su izquierda es mi sultán, el rey de la casa, el niño de mis ojos y muchas cosas más. Se llama Bruno y acaba de estrenar paternidad con Lula, una simpatica perrita, que le ha dado seis preciosos cachorritos. Este tan breve como cursí prólogo no aventura que les vaya a hablar de mi perro aunque bien pudiera dedicarle poemas y extensas odas ya que ni tan siquiera Romeo recibiría a Julieta después de bajar a tirar la basura con el amor y la efusividad que lo hace él como si en vez de regresar de una fugaz tarea doméstica viniera del exilio o de una cruenta guerra. Tan solo he aprovechado la coincidencia de nombres para dar unas exiguas pinceladas sobre un suceso que, a pesar de haberse gestado en Alemania, me tiene muy preocupado. Un pedazo de oso llamado Bruno, ya digo que como mi perro pero en versión obesa y con los dientes como facas, anda escapado por tierras germanas sin que haya manera de echarle el lazo. Al parecer, el animal ya se ha dado un rulito por Polonia y ahora está por Alemania aunque las autoridades temen que no ha ido para ver el Mundial. De momento se ha zampado a 25 ovejas, unas cuantas cabras y se ha tomado el vermut con unas tapitas de conejo se supone que sin el aliño del ajillo. Cuesta creer que en estos tiempos de modernos inventos belicistas no se pueda atrapar a un oso. No será por el tamaño o porque sea escurridizo pues hablamos de pedazo de bicharraco. Es decir, tenemos misiles que te los pueden mandar desde Minnesota a la Conchinchina y atizarte justo cuando estás haciendo de vientre y no son capaces, en Alemania, cuna de la tecnología europea, de hacerse con Bruno. El problema es tal que se ha tenido que desplazar una cuadrilla de policías finlandeses especializados, digo yo que porque con el frío que hace por aquellas tierras los osos se deben tomar los vodkas en los locales de las asociaciones de vecinos. Dicen que Bruno no se muestra fiero con el ser humano, acaso no haya tenido oportunidad de conocer a Bush, y que tan solo se ha hallado una prueba de encontronazo con un coche al que únicamente le rompió el espejo retrovisor. Eso sí, a pesar de ser pacífico, no hizo parte amistoso con el conductor y la compañía de seguros tiene difícil la reclamación. De momento barajan dispararle somníferos pero no descartan acabar con él antes de que acabe su 'tour' zampándose ovejas por media Europa. Tampoco le veo mucho problema después de la clonación de Dolly y, aunque sólo sea por el nombre, el oso me cae bien ¡Salvemos a Bruno!
21 de junio de 2006
A la caza de Bruno
Publicado por
cambalache
en
6/21/2006
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2 comentarios:
Me uno!! Eso sí, si después no lo conservan enlatado, aunque si se hace famoso-famoso cabe la posibilidad de que le preparen una suite.
Muchas enhorabuenas a Bruno y a su dueño!! ¿No te quedarás con ningún cachorrito?
Saludos.
No debería, pero como me gustan tanto estos bichos no lo descarto aunque les tenemos todos bien colocados en un buen hogar
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