30 de junio de 2006

¿Engañar a un chino?

Nunca he sido partidario de los tópicos aunque no niego que muchos de ellos algún fundamento tendrán o tuvieron en su día. Sin embargo, como mínimo, pediría un periodo de reflexión y una profunda revisión de frases hechas y demás latiguillos que pronunciamos de manera espontánea y que, como trataré de demostrar, se han quedado anacrónicos e incluso rídiculos. No se sí saben, en caso contrario aquí estoy yo para subsanar ese puntual desconocimiento, que una empresa china se dedica a embolsar 'aire del Mundial' y vender cada bolsita a seis dólares. No se informa de la facturación ni del número de unidades producido (con semejante objeto de venta pudieran ser infinitas) aunque sólo con que hubieran vendido una ya sería para llevar a sus directivos a Oxford a impartir clases magistrales de economía y empresa. Y luego somos nosotros quienes les engañamos. No quiero decir, Dios me libre, que el aire embolsado no sea alemán de pura cepa atrapado junto a los estadios pero que no acabo yo de distinguir algo tan étereo del aire del mismo Pekin o de Villajoyosa. En estos casos siempre mis reverencias a quien se le ocurre y mi estupor ante quien lo compra. El mundo de las subastas a través de la red ha nutrido este comercio del esperpento hasta límites insospechados. Hace unos meses se pujaba por un 'sanguiche' a medio morder por un afamado personaje de la farandula universal (no recuerdo quien) y las cifras se fueron por las nubes. Para ser sincero yo que, vaya, pues que no me lo creo mucho la verdad o no me lo quiero creer porque, a pesar de mi escasa fe en el ser humano, cuesta considerar esos grados de gilipollez. Puestos a sofisticar el negocio bien podríamos producir en serie pequeñas flatulencias de actrices y top model introducidas en frascos de chanel 5 o sacar a subasta las pelotillas del jersey de Evo Morales (ruego que se me abone la parte alícuota de la patente en caso de llevarse a efecto). Cuando uno ya tenía bastante con la pasta gansa que se paga por algunas obras de arte, la cosa se complica. Yo, que soy visitante de Arco desde su inauguración, he de admitir que cada año voy más acongojado (en realidad acojonado) pues uno, amante apasionado de la pintura abstracta, ya no sabe muy bien a que atenerse. Cabe la posibilidad, nada remota, de que veas a un grupo de personas frente al extintor de la sala con la mano mesándose la barbilla y susurrando sesudos comentarios y ya no saber si ese artefacto está para apagar fuegos o es una pieza holográfica del neorrealismo macedonio y desconocer si en la etiqueta que se adivina a su lado están las instrucciones o el precio. Un lío la verdad. Creo que voy a volver a los bodegones y esas imágenes de cervatillos y perros modiéndoles ya sea en versión lámina o, la más cotizada, en versión tapiz. Son más baratos y además hay no tienes dudas. Son un absoluto horror.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ante este lío yo siempre hago lo mismo: obtengo cosas que me impresionen o me digan "algo" (siempre que no sean los buenos días cuando me levanto, me refiero a un objeto inanimado claro..., qué susto!) y que pueda pagar (que eso es más difícil); no soy nada mitómana, así que me da igual la firma y, desde luego, la crítica. Que pena que no me gusten los tapices de cazadores..porque lo tendría solucionado, el otro día regalaban uno.

Saludos!

cambalache dijo...

Eso no es un regalo es una amenaza, hazme caso. A mi me marcó la niñez (y eso que en casa no nos llegaba ni para eso) y mira cómo me he quedado

Anónimo dijo...

Muy bueno lo del extintor.Lo de engañar a los chinos, pasó a la historia.
Antes , decían las madres a los hijos.Hijo mío, da algo de tu paga dominical para los pobres chinitos.
Ahora dicen:Hijo mío, estudia mas que si no los chinos te quedarán sin puesto de trabajo.