De la manera más casual e inesperada ayer el genio de la lámpara, ese en el que uno con más de cuarenta años cree lo mismo que en el Ratoncito Pérez, es decir nada de nada, me concedió un deseo de esos que sueñas con fervor infantil. Como si de un golpe de varita mágica se tratara a eso de la sobremesa, por razones profesionales inesperadas, prolijas y secundarias, me hallaba en un hotel frente a Carmen Machi y Javier Cámara y esperando a la gran Amparo Baró; es decir, estaba con buena parte de esa gente que tan sublimes ratos me ha hecho pasar durante siete años y, como la experiencia me dicta, su calidad humana es, como mínimo, tan valiosa o más que su contrastado talento como actrices o actores. Que conste que soy persona poco impresionable con el ser humano y que, por supuesto, profesionalidad manda, ni grité desaforado ni les obligué a imitar a Aída o a Paco ni invité a Sole a que me diera una colleja. Ni tan siquiera pedí un autógrafo tatuado en el pecho o en una simple servilleta. Sin embargo me sentía una persona privilegiada por compartir sandwich y espera con unos tipos estupendos con los que te irías de cañas sin pensarlo un segundo y que, además de ello, han sido, sin hasta entonces conocerles, parte de tu vida. Ya he expresado aquí mi 'hooliganismo' innegociable por 'Siete Vidas' (acaso una de mis mayores frustraciones profesionales haya sido no haber podido ser guionista de esa serie) pero ayer fue la constatación de que uno puede ser reconocido y admirado por su trabajo sin necesidad de ser un divo, un ególatra o, simplemente, un solemne gilipollas, con o sin Goya. Haberlos haylos, pero, desde luego, no es el caso. Y ese indudable mérito debería ser suficiente salvoconducto para que los 'fans' les dejáramos (bueno, la verdad es que yo me excluyo de esa práctica) respirar un poquito y hacerles la vida más fácil aunque sólo sea como pago a lo mucho que nos hacen disfrutar con su noble oficio de cómicos. Hace unos días leía una entrevista a Paco León, enorme en su personaje del Luisma de Aída, en la que reparaba en esta confusión entre persona y personaje que te lleva a transitar por verdaderos calvarios nada más poner un pie en la calle. El poder de abducción de la televisión es tal que el espectador por el simple hecho de observar a sus ídolos una vez a la semana se cree con todo el derecho a que se conviertan en marionetas de sus caprichos a poco que les vean a ir a por el pan como todo hijo de vecino. Gonzalo de Castro también se lamentaba de las continuas alusiones a su personaje de camarero en la serie y la tortura que a menudo suponía tener que soportar que te pidan una caña de acera a acera o que, incluso, el admirador pase en cuestión de segundos de gran admirador a furibundo enemigo y se irrite de manera descomunal si no accedes a sus pretensiones. Qué decir de Fernando Tejero y las veces que tendrá que haber repetido fuera de guión el 'un poquito de por favor'. Debe ser difícil contenerse pero habría que hacer un esfuerzo por entender que ser actor es un oficio, no un oficio común tampoco nos engañemos, pero, al fin y al cabo, un oficio que hacen personas con las mismas grandezas y miserias que los demás. Sólo en una ocasión, con motivo de una entrevista en un diario a raíz de la publicación de mi primera novela, alguien, a quien conocía de vista, me paró en la calle, con educación exquísita, para darme cuenta de ello. Mi timidez es sólo comparable en tamaño a mi perímetro craneal, inconmensurable, y lo pasé, lo paso todavía en cualquier acto público, fatal. No quiero ni imaginarme cuál sería mi reacción si me viese en esos casos intolerables de acoso y derribo. Acabaría en la cárcel. Ellos, por fortuna, son más pacientes y seguirán, a buen seguro, haciéndonos pasar buenos momentos. Agradecido por ello y porque ellos vivan en la tierra con lo fácil que les resulta a otros de sus colegas creer que son ellos quienes inventaron el cielo, ese plagado de estrellas que por levitar sobre una alfombra roja rodeados de flashes se consideran inmortales o, en el menor de los casos, divinos de la muerte. Criaturitas.
23 de junio de 2006
El genio de la lámpara
Publicado por
cambalache
en
6/23/2006
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2 comentarios:
En todos los campos, normalmente ,los mejores son los más sencillos.
Tienes toda la razón, hay raras excepciones y peor para ellos
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