8 de junio de 2006

¿De qué se siguen riendo?

Siempre he pensado que el dicho aquel del hombre como único animal que tropieza dos veces en la misma piedra se quedaba más que corto y benévolo. Aún así creía, tonto de mí, que el eco de aquella pregunta que lanzara en su día Pilar Manjón todavía, a pesar del tiempo, permanecería indeleble entre las paredes del Congreso como un antídoto contra la mezquindad ¿De qué se ríen ustedes, señorías?, les inquirió una madre que había perdido para siempre a su hijo; la misma madre a quien algún periodista con rango de académico, millonario y mil veces galardonado, tildara de plañidera oficial del Reino y de tratar de rentabilizar sus lágrimas. Así nos las gastamos en este país y no pasa nada. Zaplana, mientras Manjón se revolvía las tripas y se despellejaba el alma con su dolor, revolvía los papeles, no sé si buscando algún crucígrama, o las facturas de Terra Mítica o tratando inútilmente de solapar sus vergüenzas; esta última posibilidad me resulta casi inverosímil, tendría que revolver demasiados papeles para encontrarlas. Aquella interrogación, al menos para mi, quedó tan marcada como las señales de las balas del techo del 23-F que todos los visitantes observan nada más entrar en el hemiciclo. Las muescas de la barbarie, ya sean en forma de munición o de palabras o gestos, que deberían ayudar a que no se repitieran. Estaba, como tantas veces, equivocado. La fragilidad de memoria de los diputados 'pata negra' del PP, el resto es la clá agradecida y alborozada, los palmeros que se apuntan de gorrones a cualquier ronda, empieza a exiliarse del terreno de la política para adentrarse en el de la medicina. Desconozco que especialidad trata los síntomas alarmantes de hipocresía, la mentira compulsiva o las risas improcedentes. Espero que sea la 'urnología'. Ayer, en un diario nacional, durante el debate sobre la política antiterrorista, en una elocuente foto (no la adjunto para evitar herir sensibilidades) se veía a Zaplana riendo, otra vez él, a Acebes, a su lado también riendo y gesticulando, y a Rajoy, echando un reojillo, circunspecto sin saber si le tocaba ir o venir y lo que tenía que hacer. Es decir todos preservando su coherencia. Dos saben el papel que tienen que ejercer y el otro, y no lo voy a achacar a su condición de gallego, pues depende. Tras el Debate sobre el Estado de la Nación elogié la elusión del terrorismo como arma arrojadiza en su discurso. Apenas dos días después el mismo Rajoy, bueno no sé hasta donde habrá llegado ya la clonación después de la oveja Dolly pero se parecían mucho, se desmarcaba de todo. Ningún apoyo, ningún respiro, ningún margen para negociar ni para hablar ni para nada de nada. 'No a todo' que dijera en su día, frase memorable, la diputada tránsfuga de la Asamblea de Madrid. Todos recordamos, en mi colegio al menos pasaba aunque estábamos ciertamente asilvestrados, los pasillos de los compañeros de pupitre por el que tenías que pasar para recibir tu correspondiente ración de collejas. En la sede de Génova ha debido pasar algo similar aunque imagino que de manera metafórica. Fue llegar Rajoy y alborotar a la peña de ultras que, todo hay que decirlo, no son todos. Has sido un moña, Mariano, hay que darles hasta en el paladar, sangre Mariano, sangre, y Mariano, reeditando aquella ingeniosa imagen guiñolesca en la que aparecía como el muñeco del ventrílocuo Aznar, pero esta vez con más manos dentro de su espalda, se levantó al día siguiente con las pinturas de guerra. Dales caña, Mariano, sonaba en los escaños. No sé si a sus señorías (qué hiperbólico suena en algunos) van a un debate o a un combate de pressing catch y va entonces Mariano, dotado de un envidiable y propio criterio, tanto como un veleta en el ojo de un huracán, y les recrimina que hablen con Batasuna y que eso ya es un precio político y que ETA es quien gobierna y demás disparates. Y entonces es cuando uno, ya madurito, de buen ver pero madurito, rememora cuando hace ocho años el PP habló en secreto con Batasuna y quiso negociar con ETA. Ahora la diferencia es que se sabe y que llevamos tres años sin ningún muerto sobre la mesa. Algo baladí sin duda. Qué más da. Aquí estamos a lo que estamos y el sábado otra manifestación. Ya está Alcaraz en ello.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Su única España es el poder, para seguir forrándose a costas de los trabajadores.Para ellos, todos los atajos creen que sirven, pero espero que se lleven una buena lección en los próximos test electorales.Ninguna persona de bien, puede ayudar a estos energúmenos a volver al poder.Son indeseables y mala gentuza.