Es lo que tienen las torrijas de vino. Te hinchas de ellas y luego el riego cerebral se resiente. Una cofradía de Córdoba prohibe a dos mujeres que sean costaleras. No es que sean musulmanas o herejes. Simplemente son mujeres. Ya saben. Debajo del paso, entre la pasión y el calor, puede haber rozamientos impuros. Qué escándalo. No entiendo bien por qué a ellas no las dejan por ser mujeres y a ellos sí les dejan siendo rematadamente gilipollas. El señor obispo apoya la exclusión. Que no quiero yo decir nada con esto. Se me ocurre que podían codificar la procesión o pensar (bueno igual exagero pidiendo este esfuerzo a semejantes mastuerzos) que los creyentes irán a la procesión a penar sus pecados o a rezar o a consolidar su fe y no a refocilarse observando si Antonio le arrima la cebolleta a Puri aprovechando el intermedio de una saeta. Entre otras cosas, imagino que el hábito de costalero apenas permitirá saber si dentro va un hombre, una mujer o un oso pardo. Pero ya se sabe, sólo se le ocurren estas sandeces a los machotes que se tiran un día de penitencia llevando al santo y trescientos sesenta y cuatro babeando por las esquinas detrás de un trasero ¿Por qué no hacen controles antidoping antes de pasear al santo?
Disfrutar de la cultura alarga la vida
Hace 6 días




