4 de noviembre de 2008

AMORES PLATÓNICOS


Ahora que se ha abierto la veda confieso que a mí me ponía la señora esposa de Rogger Rabitt. Las curvas de Jessica fueron pasto de mis sueños más ardientes durante meses. Lo digo porque, antes de que le tomen por loco, toda mi solidaridad con ese joven japonés que anda a la recogida de firmas para poder casarse con Mikuru. Yo te entiendo amigo. Hasta si me apuras, Minnie Mouse con esas falditas tableadas y los calcetines blancos tenía su puntito. Por si todavía no ha pasado la página de las aventuras de Porky, Porky nuestro Rey (espero que no malinterprete ésto Pilar Urbano y escriba otro libro) sepa que Mikuru es una niña picantona que protagoniza un cómic manga aunque, para mi gusto, nada que ver con mi Jessi. Para empezar a Mikuru le encuentro mucho más ordinariota con esa diadema estilo Andreíta cómete el pollo, el corpiño de posadera de mesón manchego y esas mamellas tipo Sabina impropias de la patria de lo extraplano. Por cierto, no sé si se trata de una licencia artística del dibujante o de una deformidad física pero no acabo de entender cómo es capaz de pasar su brazo por debajo de tan descomunal ubre sin que se le atore el riego sanguíneo. Miren sin embargo el glamour de la esposa de Roger. Así sufría el pobre. A mí la verdad que no se me ocurrió en su día lo de recoger firmas. De todos modos no me arrepiento porque el jaleo de la boda podría ser mayúsculo. Sopesen si no la que se puede armar con la lista de invitados. Por parte del novio pase. Como mucho puede ocurrir que el padrino sepa kung fu, se embolingue hasta las trancas y trocee a patadas la tarta nupcial o pele las mandarinas con la katana, pero imaginen por un momento que a la novia le da por cursar invitación a gente de su curro. Por ejemplo, a los descendientes de los 101 Dámatas y de Los Aristogatos. La trifulca está asegurada. O a los de Los Tres Cerditos con el agravante en este caso de lo complicado que sería acertar con el menú ¿Dónde se ha visto que un cochino coma pescado crudo? Todo problemas. Y luego que la Reina o Rouco aprueben este tipo de uniones. Que esa es otra. Claro que mientras no sean del mismo sexo... Pues eso. Fíjense en el oso y la hormiga o en la osa y el hormigo. Lo importante es que se puedan conjugar los géneros.


2 comentarios:

paredes dijo...

!Otra vez se me adelantó un japonés!

Simulador dijo...

Me ha entretenido mucho esta entrada... será quizás porque yo también tengo mis debilidades, que andan entre Aladín y Haku (El viaje de Chihiro). Uff... no sé por cuál de los dos recogería firmas ;)

Saludos