5 de septiembre de 2006

Mira quien pilla

Después de haber dedicado unas humildes y entrañables líneas a la Duquesa de Alba no puedo por menos que halagar el sacrificio de otra de las personas que, con su abnegado trabajo, más han colaborado y colaboran a la prosperidad de este nuestro país. Me refiero, como habrán intuido al momento con esas pistas, a Carmen Martínez Bordiú. La nieta del Generalísimo será la estrella de la próxima entrega de 'Mira quien baila' a cambio de una modesta aportación de unos 48.000 euros semanales. El representante de la ......., bueno, en fin, de la nieta del Generalísimo, ha apretado las clavijas a la productora y ha acordado suculento caché. No sé quién es el tipo pero no es óbice para que me rinda a sus pies. Alguien que representa a alguien que el resto de los alguienes jamás ha tenido noticia de su oficio ni beneficio y saca esa tajada es un monstruo. Por la mitad de esa pasta, alguno que otro sería capaz de bailar muñeiras a ritmo de rap y por la mitad de la mitad de bailar 'agarrao' con la Pantoja de Puerto Rico. Carmencita argumenta que si España, esa que fue una, grande y libre cuando el yayo ordenaba y mandaba, quiere contemplar ensimismada sus dotes artísticas, que lo pague. Me parece bien. Diría más. Me parece hasta poco dinero. Sólo imaginar a esta refinada dama vestida de Olivia Newton John dando brincos, elevada por los aires por un macizo joven o con la falda de pronunciada raja marcándose un tango con sensual restriegue incluido, no tiene precio. Es lo que tiene el peso de los apellidos. Me hacen gracia los hijos de tal y cual artista, artistilla, famoso o famosillo cuando recurren a esa original respuesta a una no menos original pregunta ¿Te beneficia ser hijo de...? (los puntos suspensivos atienden al nombre del personaje, no a exabrupto alguno). Bueno, por un lado te beneficia pero por otro te perjudica. Brillante. Por un lado te abre puertas pero por otro te exigen más que a los demás. Ay, amigos, no sé si sus ilustres apellidos pesan mucho o poco pero les reto a que lleven al hombro un saco de escombros a las siete de la mañana. Eso sí que pesa y pasa por ser hijo de García Martínez, albañil de profesión y residente en la barriada de Villaverde. Así a ojo, aunque estremezca el dato, la nietísima trincará en una semana más que el joven García Martínez en dos años de levantarse con el alba para ir al tajo. Es cierto que ella soporta el peso de la púrpura y que parece fácil lucir lentejuela pero hay que estar ahí, ensayando un par de días a la semana y todo y con el riesgo de que se te rompa un tacón y seas el hazmerreír de todo el país. Lo que más me subyuga es que este ejercicio de equidad laboral lo retransmita TVE, esa cadena que, con estas sesiones de bailoteo, ofrece todo un ejemplo de lo que no debería ser una emisora pública. Así por lo menos, nosotros también sacamos alguna enseñanza y provecho. No iba a ser sólo Carmencita.

1 comentario:

paredes dijo...

Iba a decir que como nadie lo viera, no se pagarían esas cifras tan altas a estas-os inútiles, pero como es la pública y tiran con pólvora ajena, aunque no lo vea ni dios,les da lo mismo.
La gentuza en estos casos no es quien cobra, sino quien paga con dinero ajeno.