Estoy dándole vueltas a la cabeza, no tipo niña de El Exorcista pero casi, y no se me ocurre nada impactante. A lo más que he llegado al escudriñar mi biografía es a recordar que siendo muy pequeño me agencié una castaña de una tienda de ultramarinos y que siendo más púber tarareaba a solas las canciones de Camilo Sesto. No sé si estas máculas servirán para la campaña de promoción de mi próxima novela. De aquí a diciembre cuando, si la salud nos lo permite y el tiempo no lo impide, está prevista su publicación a ver si se me ocurre algo que, por supuesto, no tenga que ver con la calidad literaria de la obra que, a fin de cuentas, no puedo perder el tiempo en tonterías ¿Hay alguna folclórica famosa y septuagenaria libre? ¿Le interesa roce con escritor cuarentón de pasable ver? En caso afirmativo ya saben dónde me tienen. Una cenita romántica, unas fotos tontamente robadas, un besito sobre la capa de maquillaje, a contar
el romance en los tomates y las salsas televisivas pertinentes y a vender libros como churros. Si es que fui tan torpe que ni siquiera fui nunca a los campamentos de la OJE que, para los jovenzuelos que no lo supieran o supiesen, eran la versión campestre del adiestramiento de futuros españoles de bien formados en el 'una, grande y libre' y demás sandeces. No me llevaron a ver el fiambre de Franco ni en la capilla ardiente ni a la tumba del Valle de los Caídos o sea que no hay testimonio gráfico alguno que me puedan restregar. Voy a ver con el Photoshop. Dejo caer el fotomontaje junto al cadáver de Paco (el caudillo, vamos) y a ver si salta algún cavernario a tacharme de progre de pacotilla, antiamericando irredento, hipócrita o pacifista de mierda. Bulla, mucha bulla. Fundamental como la boina. Tampoco es que pretenda yo vender como don Günter pero hombre, por lo menos, a ver si los derechos de autor me dan para una mariscada o una cuatro quesos familiar. Ya dije que la pertenencia a las SS del Premio Nobel alemán no es un episodio para presumir pero que tampoco la adolescencia es la edad más adecuada para juzgar la actitud futura de cada cual, pero es que, no sé por qué, cada vez me huele más a campaña, exitosa sin paliativos, de marketing literario. Excúsenme los afectados, pero también hay que ser pardillo para gastarse por la cosa del morbo un pico en un libro que no añade, o eso dice el autor, nada más a ese pasaje de su vida. Si alguien espera que diseccione cómo torturaba a los judios va listo. Mientras escribo estas madrugadoras líneas, con mis horarios voy a convertir a las gallinas en marmotas, sigo de manera simultánea buscando algún detonante que me alce al top ten de las listas de ventas (cada vez que leo una de ellas tengo más claro que habría que buscar un sustantivo distinto al de 'listas'). Mundo complejo el de la publicidad y la literatura en el que no voy a entrar por ser juez y parte. Si les dejo un ejemplo. Una de las mejores novelas que he leído en castellano en los últimos, muchos, años no llegó a vender en librerías cien ejemplares. Les podría dar el título pero ya no la encontrarán; es como un tesoro perdido entre las editoriales mastodonte y la escoria aclamada por la crítica especializada. Que cada uno saque sus conclusiones ¿Y si digo que soy hijo de Alberto de Mónaco o que estuve en el cumpleaños de Ronaldo? No sé, no sé.
18 de agosto de 2006
Yo robé una castaña ¿no vale?
Publicado por
cambalache
en
8/18/2006
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2 comentarios:
Y si dices que te tirabas a doña Carmencita?? la hijísima, vamos....
Joder, no sé si la novela merece tanto la pena, la verdad
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