Es difícil de explicar pero yo te comprendo. Todo parece tan sencillo para los que somos guapos y apetecibles que es casi un milagro que los seres humanos ramplones y ordinarios se hagan una idea de las esclavitudes que comporta. Admito que yo no he alcanzado el punto de pedir que me sirvieran sólo camareros en un restaurante para evitar los ojos de deseo de los especímenes del sexo contrario. Tan lejos, francamente no he llegado aunque te advierto que el haber exigido camareras para que te traigan el solomillo o la dorada (todo te sienta tan bien) tampoco te libera de que algún ojillo se despiste allende tu canalillo. Angelina, yo he perdido algo de 'sex appel' con el tiempo, bueno no he llegado a la decadencia del 'sex rappel', eso sí que no, pero sé lo tedioso que resulta el acoso sobre nuestra anatomía, la vista que se pierde por debajo de la barbilla de la mujer hasta diseccionar los pechos o debajo del cinturón del hombre para calibrar el paquete o el culete. Quizás piensen que somos afortunados porque la naturaleza dejó al lado con nosotros la producción mecanicista en serie y obró una verdadera joya de orfebrería fina. Sin embargo sufrimos. A veces parecemos tan inaccesibles que estamos condenados a la soledad. Al fin y al cabo somos humanos; con nuestras flatulencias y ardores de estómago. Tú deberías llevarte al churri siempre, como si fuese el bolso, porque como el hombre está también de muy buen ver pues os repartiáis los babeos que generáis a vuestro paso. He de reconocerte que cuando ví a tu chorvete en Troya, sin reparar en la rima, lucir abdominales, por un momento dudé de mi sentido de la orientación sexual y, sobre todo, de si no estaba tirando el dinero en el gym. Porque te reconozco que, a pesar de considerarme un prodigio sin paliativos, he lucido lorza considerable y papada constreñida en varios pliegues tal cual el acordeón de María Jesús y sus pajaritos. Ahora atravieso una madurez espléndida. A pesar de ello ya puedo salir a la calle sin que decenas de mujeres me persigan con sus prendas íntimas de la mano como si fuesen a una corrida de Jesulín (qué mal suena dicho así) y no tengo problemas en los restaurantes. Las camareras no me miran aunque me vaya sin pagar; pero tu caso resulta extremo Angelina. No sé si dentro de mi proverbial lirismo hallaré el vocablo que haga justicia a tanta belleza. Por el momento acaso me conforme con decirte, querida Angelina, que estás más buena que un queso. Poético no será mucho pero verídico un montón.
5 de agosto de 2006
Cómo te entiendo Angelina
Publicado por
cambalache
en
8/05/2006
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2 comentarios:
A ver si va a ser ella la que quiere mirar a las camareras ......
No lo había pensado en esa opción amigo Paredes. Un poco retorcido te veo pero no es descartable
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