Estoy tan asqueado del mundo y sus circunstancias que he buscado refugio en el microcosmos del hogar. Intento con ello abstraerme con ello de tanta mierda que diría Bush en un uso abusivo de la redundancia. Para quien tenga la suerte de no haber conocido a este ídolo televisivo, no por su carácter, siempre afable, sino porque ello denotaría que tiene una edad envidiable, él es el Padre Mundina y ayer me acordé mucho de su sabiduría foliácea. Bien pudieran pensar que la ola de calor ha deteriorado aún más mis entendederas
. Es un reto complicado pero pudiera darse el caso. No es tal. El padre Mundina fue pionero de la televisión didáctica en el siempre misterioso mundo de las plantas. Para hacernos una idea, hoy presentaría un programa bajo el original título de 'Geraniomanía' o similar. Desde que nos dejó huérfanos de sus consejos, no de su porte, la flora de mi casa se ha ido al garete. Ayer tomé una decisión drástica. Las plantas de mi terraza no es que estuvieran secas, no, es que parecían haber sobrevivido a un holocausto nuclear. Ante mi impericia, sin saber a quién recurrir, opté por la tremenda, me puse música de Wagner y las corté con la misma saña que si en manos reposara la motosierra de la Matanza de Texas. Tras esa maniobra y ante el aspecto yermo y lamentable de mis jardineras se me ocurrió lo que consideré una brillante idea. Por ello tardé unos minutos en asimilar que pudiese ser mía. Bajé a una tiendecita de esas de regalos 'superchulis' y me abastecí de varios modelos de molinillos. Modernos, monos y sin necesidad de riego ni aspersores podía dejar la azotea tipo Ágata Ruiz de la Prada. Un molinete arcoiris, una flor anaranajada de tela, otras pequeñas de color violeta y así hasta conformar un habitat del buen rollito envidiable para mis vecinos que, ya de por sí, rabían cuando ven mi escultural anatomía tostarse al sol mientras ellos asoman su naricilla desde el ventanuco de la buhardilla. Cómo debe joder. Pues bien, una vez montados los cachivaches, bajo la observancia constante de mi sultán que creo que empieza a preocuparse por mis trastornos, ubique los molinillos con el mimo de un interiorista. Ora combinando formas, ora combinando colores. Cuando la composición la di por definitiva tuve tiempo de recrearme en los joviales giros que daban movidos por un leve brisa que empezaba a levantarse. Aunque parezca algo prosaico excuso decir que me dejé unos euros en la 'performance' pero merecía la pena morar en el ático más vanguardista del barrio. Fue subir del paseo pertinente con mi can, la brisa se había tornado casi vendaval propio de tormenta estival, y asomar el hociquillo, el mío no el del perro, cuando quedéme perplejo y abatido. Tan solo dos pequeñas flores sobrevivieron a la inclemencia de la naturaleza. Los molinetes, a juzgar por la ventolera, deben volar ya sobre Burgos alertando a la población sobre la posibilidad de que sea un ovni. Ahí me han quedado cuatro palitos de plástico y lo que es peor la saña de mis vecinos que todavía se deben estar riendo del gilipollas del cuarto. Padre Mundina, no le quiero hacer culpable de mi ridículo pero usted nos abandonó hace muchos años y si no lo hubiera hecho yo seguiría paso a paso sus consejos y hoy en mi terraza florecerían rudos chopos o inalterables olmos y no esos palos esmirriados que ni siquiera me sirven para extraerme la cera de los oídos.
19 de julio de 2006
Qué vuelva el Padre Mundina!
Publicado por
cambalache
en
7/19/2006
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