
Voy a hablar de alguien sin mencionar su nombre porque ni esa deferencia me merece y uno está en su derecho de ejercer de vez en cuando un acto tan humano como la venganza por pueril que ésta sea. Si no lo he hecho hasta ahora ha sido, precisamente, por esa indiferencia que me despierta la premeditada zafiedad de algunos. Ya adelanto que no me refiero a quien ilustra este artículo sino a la decisión que ha adoptado el alcalde Ruiz Gallardón y que, sin reservas, aplaudo con la esperanza de que sirva para acomodar los valores del Estado de Derecho al lugar que verdaderamente merecen. Gallardón se ha querellado contra un individuo que cada mañana alimenta un personaje que él mismo se ha creado y que, entre otras cosas, le ha convertido en millonario, no olvidemos este detalle, no menor, al calor de la mentira, el exabrupto, la infamia, la calumnia o la falacia. Nada escapa a este tipo que confunde el micrófono que graciosamente le otorgan los señores obispos con el trabuco del bandolero que se cree en el deber de hacer lo que le venga en gana por poseer un arma que los demás no tienen. No es único en su especie, colegas tiene que siguen su apostolado e incluso meritorios que le hacen la ola y le intentan imitar con el legítimo fin de trincar algún carguito si hay cambio de gobierno y hay que pasar factura a quien acceda a ello. Es tan legítimo como cobarde esconder tras una presunta ideología los intereses ciertos de tu chequera. Lo bueno que tiene haber trabajado tantos años en los sotanos de un palacio es que sabes que en las salas nobles de arriba no es oro todo lo que reluce. Diez años de 'plumilla' me enseñaron que los mismos que se atrincheran en la libertad de expresión en tertulias, conferencias en universidades de verano y artículos con foto de autor son, muy a menudo y con honrosas excepciones, los mismos que hurtan informaciones que el redactor trae ilusionado por el mero hecho de no contribuir a nutrir sus manipulaciones. No es importante que sea servicial para la sociedad, basta que sea suficiente para regar sus insidias. A mi no me cuenten milongas señores popes del 'nauseaperiodismo'. Sé cómo humillan a los empleados que toman por subalternos, sé cómo ordenan callar noticias o plegarlas como una pajarita de papel hasta que la forma es la que ustedes desean. Sé de las comilonas que se pegan para, después de un eructito con sabor a caviar, poner a parir al adversario de quien les ha invitado. Las prebendas, los viajes gratis total, de los que hasta curritos como yo hemos disfrutado, de los créditos flexibles, del a ver si sabes de algo para mi chico o para mi chica. Que ustedes apelen a la libertad de expresión sólo supone una halitosis insoportable para quienes sabemos cómo se las gastan. La libertad de expresión no debería ser la libertad de insultar y vilipendiar. La libertad de expresión consiste, por ejemplo, en decir que Otegui hace apología de la violencia pero que ni es el único ni que la única manera de hacerlo es la suya. Ustedes seguirán con su público enfervorizado, jalearán sus audiencias supuestamente galácticas, se parapetarán en su derecho de clamar contra quienes quieran pero jamás repararán en los derechos de los demás ni, mucho menos, en el nimio y estúpido detalle de considerar el periodismo como un servicio público y no un coto privado de camorristas y trincones de diverso pelaje. Simplemente porque ustedes hacen de la intolerancia la bandera que ondean cada mañana en una radio o a cada momento en líbelos y rumores que ni confirman ni se molestan en hacerlo no vaya a ser mentira y tengan que publicarlo todavía en tipografía más llamativa. Siempre será mejor, en su criterio, una falacia espectacular que una anodina verdad. Sólo espero que esta querella prospere y sea ejemplarizante porque el poder judicial no puede ser ajeno a que, bajo el paraguas agujereado por sus mentiras de la libertad de expresión, se cobijen delincuentes de la palabra. Puede ser que robar un bolso sea grave pero más aún lo es robar la dignidad de cada cual y no hacer nada por remediarlo.
9 de junio de 2006
Una buena oportunidad
Publicado por
cambalache
en
6/09/2006
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3 comentarios:
El tiparraco ése, es la punta del iceberg.Los culpables principales son la cúpula clerical que lo mantiene y alienta.
No entiendo cómo pueden luego salir a los medios a hablar de educación, de perdón o de falta de rencor. Será por aquello que una de tus manos no sepa lo que hace la otra ¿o será pura y dura hipocresía? Una pregunta facilita como ves. Un saludo
Ya sabes el lema del clero"Haced lo que yo os diga, pero no hagáis lo que yo hago".
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