Dos niños palestinos jugaban en un pequeño patio volando sus cometas. En cuestión de segundos la metralla procedente de un misil lanzado por el ejército israelí segó sus vidas. Tenían ocho y cuatro años. En noviembre sale al mercado la Play Station 3; ellos no podrán verla, tampoco vieron ni jugaron con la dos o con la uno. Su único videojuego, más real que la calidad de cualquier pantalla, era intentar a diario salvar su pellejo infantil de la barbarie, de la prepotencia, del asesinato puro y duro tolerado por los gobiernos de los países que, en un alarde de imaginación, se tildan a sí mismos de civilizados. Para matar a dos presuntos terroristas, los misiles israelíes han acabado con la vida de once personas, entre ellas mujeres y gentes que querían prestar los primeros auxilios a los heridos. Dentro de unos minutos me iré a la cama, leeré unos minutos y mañana veré las fotos de la masacre, el padre que transporta en brazos el cuerpo inerte de su hijo, escucharé a los de siempre echarse las manos a la cabeza o buscar una justificación sociólogica o histórica al suceso pero a los dos niños ya no les servirá de nada. Sus cometas se habrán soltado e incluso habrán alcanzado el cielo prometido mientras ellos, en su corta vida, se hubieron de conformar con este infierno consentido. La metralla asesina de un gobierno cobarde les ha dejado los juguetes rotos aunque ya tampoco les sirvan para nada. Jamás olvidaré, y ya han pasado muchos años, la imagen de dos valientes soldados israelíes machacando con una piedra el brazo de un joven palestino hasta rompérselo en mil pedazos. Yo no soy un experto en el conflicto árabe-israelí ni justifico las masacres de un lado ni de otro. Sólo digo que algún día, y me temo que nunca llegará, debériamos pensar por qué un joven o una joven se inmola en la plenitud de su vida y por qué a unos les llamamos terroristas y a los otros les recibímos en el aeropuerto de Barajas con alfombra roja y honores militares ¿Qué honor merece el que dicta el asesinato? ¿Qué valor le concedemos para ofrecerle una mano manchada de sangre inocente? ¿Qué agresión al estado israelí cometieron los dos chavales? ¿Acaso temían un ataque con sus tirachinas?
13 de junio de 2006
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1 comentario:
También recuerdo aquellas espeluznantes imágenes de los soldados rompe brazos.
Son los gendarmes de occidente en oriente, y dicen los usa, que también tienen derecho a defenderse.Un tirachinas o una mano que lanza piedras, es terrorismo.Lanzar misiles y ametrallar a la población , es un acto de defensa.No cabe más cinismo.
La única salida que les queda a los palestinos es inmolarse , llevándose por delante a cuantos enemigos puedan.Con estos actos , los israelíes lo que hacen es fomentar el número de jóvenes dispuestos a todo.
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