20 de junio de 2006

El desafio de los valientes

Sería un insulto para la mayoría de los asalariados quejarme de mi trabajo, pero la obligación diaria de, al menos, hojear todos los periódicos a veces no se paga con dinero. Hoy me encuentro en uno de ellos la foto de un tipo altivo, que mira desafiante a la cámara con un gesto entre la chulería y la vanidad. No es para menos. Ese individuo es el presunto, supuesto, posible asesino del joven concejal del PP Miguel Ángel Blanco. Todo un valiente. A Miguel Ángel, que cometió el horrible delito de tratar de contribuir a que la vida en su pueblo fuese mejor según sus ideas, le ataron las manos mientras alguien presunto le descerrajaba primero un tiro y luego otro en la nuca para comprobar que su histórica hazaña culminaba con éxito. Esos son sus méritos, sus tarjetas de visita, esos y reirse o hablar entre ellos como si se preguntaran los resultados de un partido mientras una madre que ha perdido a su hijo se deja el alma delante de un tribunal que la obliga a rescatar aquellos horribles recuerdos. Ellos son los que utilizan con una ligereza nauseabunda la palabra fascista para dirigirse a todo aquel que no transige con sus métodos violentos y repugnantes. Por eso y otras cosas más, aunque algunos legítimamente y otros de manera muy interesada digan lo contrario, no sé si lo piensan, espero que se abra un diálogo con esta banda de asesinos y su entorno. En mi nombre sí. Y desde el absoluto respeto a la familia Blanco y sin la hipocresía de asegurar que me hago cargo de su dolor porque eso es imposible defiendo el diálogo para evitar que otra mañana, nada más desayunar, tenga que ver estas imágenes hirientes de un presunto, supuesto, posible asesino que ha matado a una persona de bien por no pensar como él o, simplemente, por la simple diversión de camuflar bajo unas ideas lo que sólo es un vil acto de fascismo, éste sí, puro y duro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una persona, no puede ser tan insensible como esos elementos en el juicio.No pueden hablar de fascismo sin llamárselo a ellos mismos.